"Rubianes, vetado en Madrid", ese era el titular que abría las páginas de la sección de Cultura anteayer en este diario. ¿Vetado por quién? Esto ya no está tan claro. En el momento de escribir estas líneas, todavía no sé a ciencia cierta quien es el responsable de que Lorca somos todos, el montaje de Pepe Rubianes que debía representarse en el teatro Español de Madrid, teatro municipal, dirigido por Mario Gas, haya sido retirado del cartel. Unos dicen que la decisión la tomó el propio Rubianes, después de discutirlo con Mario Gas, ante la serie de amenazas que había recibido en el caso de que se atreviera a presentar dicha obra en el mencionado teatro, y hay quien dice que el responsable no es otro que el alcalde de Madrid, el señor Ruiz-Gallardón, quien se anticipó a la decisión de Rubianes de retirar la obra en unas declaraciones a la televisión madrileña ¿Estaba el señor alcalde al corriente de la decisión de Rubianes cuando hizo esas declaraciones o se limitó a vetar la obra por su cuenta y riesgo? Según la señora Alicia Moreno, concejal de Cultura del Ayuntamiento madrileño, el alcalde estaba al corriente de la decisión de Rubianes, así que no habría veto, pero, según afirma el propio Rubianes, el alcalde se le anticipó, por lo tanto sí habría veto.

Todo arranca de unas famosas declaraciones de Pepe Rubianes en un programa de TV3, El Club, durante el mes de enero de este año. En dicho programa, el actor, el cómico Pepe Rubianes, con la lengua que le caracteriza, se despachó con frases como estas: "que se vayan a tomar a tomar por el culo estos españoles", "ojalá les exploten los cojones y vayan al cielo sus cojones" y "que se vaya a la mierda la puta España". Luego vinieron las aclaraciones. "Quiero hacer constar que la España democrática, constitucional y de progreso a la que yo pertenezco me merece todo el respeto y orgullo (…) En mis declaraciones yo me refería a la España que mató a Lorca, permitió que Machado muriera de pena en Cotlliure y dejó morir a Miguel Hernández en la cárcel. La España que paseó a miles de demócratas y llenó el país de fosas comunes y nos sumió en el silencio más largo, cruel y sanguinario de la historia".

Las aclaraciones suenan muy bien, pero el daño ya estaba hecho. Rubianes se había dado el gustazo de decirle a una España que está ahí, la España de la Cope, la Cope de los obispos, y de ciertos gerifaltes del PP, lo que pensaba de ella. Y había que ser muy ingenuo para no imaginarse que llegaría un día en que esa "puta España" le pasaría la factura. Pues bien, la factura ya ha llegado. Y afortunadamente ha consistido en la retirada del espectáculo de Rubianes del teatro Español, por la propia decisión de éste o por el veto del señor alcalde. Y digo afortunadamente, porque cuando tuve conocimiento de de las declaraciones de Rubianes en el espacio El club de TV3 llegué a temer por su integridad física, no sea que unos fachas con cuatro copas de más le rompan las piernas o le pongan una bomba en el coche. No hace todavía mucho la cosa funcionaba así y podría volver a funcionar.

La factura ha llegado en el momento y en el lugar donde tenía que llegar. En la programación de Lorca somos todos en el teatro Español de Madrid. El espectáculo, hermoso, dignísimo, con momentos emocionantes - yo lloré cuando lo vi en el Capitol-, lleva un título que a esos fachas ya les resulta insultante: "A ver si ahora resultará que todos somos unos maricones, que todos somos rojos y enemigos de España", pensará más de uno. Luego resulta ser un espectáculo de Pepe Rubianes, "ese hijo de puta que nos manda a tomar por el culo; un hijo de puta que presume de progresista catalán y que se caga en la España de los Reyes Católicos", y, detalle importantísimo, el espectáculo se presenta en el Español de Madrid, teatro municipal, financiado con el dinero del contribuyente, teatro que depende de la alcaldía de Madrid, al frente de la cual se halla el señor Ruiz-Gallardón, del PP, "ese tipo rarillo, que se dedica a casar maricones". Total, que la "puta España" amenaza con armar un cacao de mil demonios y acaba obteniendo lo que se proponía: la obra es retirada y la señora Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid y poco amiga de Ruiz-Gallardón, felicita a éste por la "extraordinaria decisión" de represaliar a un cómico que ha "insultado a España y al conjunto de los españoles". Con lo que el alcalde, inocente o no, queda automáticamente convertido en un censor, en un enemigo de la libertad de expresión, lo cual no sabemos si le hará mucha pupa en las elecciones municipales de la próxima primavera.

Respeto la decisión tomada por Pepe Rubianes, tras consultar a Mario Gas, de retirar la obra. Quiero creer que en esa decisión influyó el hecho de no querer dañar al señor Ruiz-Gallardón y a la señora Amparo Moreno - hija de Núria Espert-, quienes nombraron a Gas para dirigir el Español, que confían en él y a los que Pepe Rubianes no incluía en la larga lista de miembros de la "puta España". Respeto esa decisión, pero hubiese preferido que mantuviesen el espectáculo en el cartel. Y puestos a preferir, hubiese preferido que el alcalde Ruiz-Gallardón, sabedor o no de la decisión tomada por Rubianes y Gas, no hubiese "vetado" la obra. ¿Por qué? Pues para no permitir que la "puta España" se saliese con la suya.

En el mes de abril de 1966 ocurrió algo semejante en París. Yo lo viví desde la ventana de una chambre de bonne situada en la Rue Casimir Delavigne, justo al lado del Théâtre de l ´ Odéon, teatro nacional, bajo la dirección de Jean-Louis Barrault, nombrado por André Malraux, ministro de Cultura del Gobierno francés bajo la presidencia del general De Gaulle. En ese teatro se iba a estrenar Les paravents, una obra de Jean Genet situada en la guerra de Argelia y en la que el cadáver de un oficial francés era saludado por sus soldados con un concierto de pedos mientras los revolucionarios argelinos eran presentados como unos héroes. Hubo todo tipo de amenazas, tanto por parte del ejército como de la extrema derecha. Pero la obra, tal y como estaba anunciado, se estrenó. Y las amenazas se hicieron realidad. No hubo día en que la violencia no se manifestase en el interior y el exterior del teatro, pero la obra siguió representándose. En la entrada del teatro vi a Jean-Marie Le Pen, rodeado de un grupo de paras, intentando impedir el acceso al teatro y, junto a ellos, un grupo de teatreros - entre los que destacaba Patrice Chéreau- y universitarios gritando "Le fascisme ne passera pas!", y terminando a hostias los unos con los otros, mientras la policía se cruzaba de brazos. La noche de la última función, antes de las vacaciones, alguien lanzó un par de bombas incendiarias a la platea, causando el consiguiente pánico entre los espectadores. Ardieron un par de butacas y una vez apagado el fuego la representación continuó. El affaire de Les paravents llegó a la Asamblea francesa y allí Malraux dio la cara y puso en ridículo a los que condenaban la "pourriture" de Genet. Entre otras cosas, les dijo que Genet no era más antifrancés que Goya antiespañol, y que si querían prohibir la obra de Genet tendrían que empezar prohibiendo ciertos poemas de Baudelaire. Luego se supo que la obra de Genet no era santo de la devoción de Malraux y a alguien que se lo echó en cara, éste le respondió: "Franchement, est-ce que je dois laisser interdire toutes les pièces que je n ´ aime pas?".Admito que entre el caso Rubianes y el affaire de Les paravents hay ciertas diferencias, pero también un notable parecido, y no niego que me hubiese gustado ver a la señora Esperanza Aguirre y a los señores de la Cope intentando impedir al público el acceso al teatro Español , y a un grupo de teatreros y universitarios enfrentándose a ellos. Como me hubiese gustado ver al señor Ruiz-Gallardón defendiendo a Lorca, a Rubianes y a Mario Gas, a su teatro y a la libertad de expresión ante el Consistorio municipal o ante el mismísimo Congreso de diputados. Otra vez será.