La resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU, aprobada unánimemente el pasado 12 de agosto, contiene los elementos necesarios para alcanzar una paz que estabilice la frontera entre Líbano e Israel. Esto es así sobre el papel. La resolución, que se inspira en la 1559, pide la retirada de las tropas israelíes de Líbano, que deberán ser sustituidas por el ejército libanés y las fuerzas de la ONU en la región sur; hace un llamamiento a libaneses e israelíes para que apoyen un permanente alto el fuego que respete la denominada línea azul, considerada la frontera entre los dos países; propone una zona libre de armamentos al sur del río Litani, y reclama el desarme de Hezbollah, organización a la que Irán suministra armamento con el apoyo de Siria.

El diablo suele estar en los detalles. Hezbollah se ha comprometido a cumplir la resolución 1701. Pero el máximo dirigente de Hezbollah, el jeque Nasrala, ha utilizado el lenguaje empleado en la resolución para relacionar el hipotético desarme de su organización con dos asuntos no menores. Primero, el intercambio de prisioneros con Israel. Y segundo, la necesidad de resolver el contencioso por las granjas de Chebaa, ocupadas por Israel, que pretende justificar su presencia aduciendo que no pertenecen a Líbano sino a Siria, aunque el régimen de Damasco admite que son parte de Líbano. ¿Un arabesco, en definitiva? No, una resolución compleja. La resolución 1701 se refiere a la línea azul como la frontera entre Líbano e Israel, pero, al mismo tiempo, pide al secretario general de la ONU que se dibujen definitivamente las fronteras internacionales libanesas, incluidas las zonas en disputa, como las granjas de Chebaa.

Todo esto es sobre el papel, claro está. La cuestión en Oriente Medio, como demuestra la historia, es cómo lograr que el papel no termine mojado. Pongamos el caso, por ejemplo, de la exigencia de que ningún tercer país continúe suministrando armamento a Hezbollah. La propuesta, evidentemente, apunta a Irán y Siria. Pero resulta que la resolución no prevé la posibilidad de imponer sanciones a los países que incumplan lo exigido por el Consejo de Seguridad. ¿Cómo se logrará, entonces, que Siria cumpla la promesa que le ha hecho a Kofi Annan de que su frontera no será un coladero para Hezbollah?

Oriente Medio es la región que más papel ha malgastado en la ONU. Pero, en el fondo, cuando se trata de resolver un conflicto negociando, Oriente Medio no es diferente de otras regiones. Si a una parte se le pide que dé algo, esa misma parte reclamará algo a cambio. Y en Oriente Medio, por muchas resoluciones que se aprueben, siempre se regresará al punto de partida. La resolución 1701 cita en su párrafo final las resoluciones 242 y 338, que en 1967 establecieron el principio de territorio por paz como medio para una paz justa y duradera. ¿Y qué tiene que ver esto con Siria? Mucho. Siria reclama la devolución de los altos del Golán, ocupados por Israel desde 1967, como Cisjordania.

Ariel Sharon decidió retirarse de Gaza, también ocupada desde 1967. ¿Por qué? Posiblemente, el entonces primer ministro israelí no esperaba la paz como resultado de la devolución de Gaza, sino que se habría convencido de que no habría paz sin la devolución. Ahora, Ehud Olmert, su sucesor, ha sentenciado que la retirada parcial de Cisjordania ya no es una prioridad y ha autorizado la construcción de otras 700 casas para colonos.