La brisa que se levanta de continuo no puede combatir el sofoco que nos fustiga. Tampoco nos refrescan lo suficiente las nubes viajeras que apenas se deslizan por el cielo. El mercurio se resiste a bajar. La Luna llena, palidecida por la niebla, dejó paso a este día tan repleto de informaciones y de opiniones en este periódico. Aboga el Presidente por una reforma estatutaria. Doña Noemí culpa de todos los males astures a los dos grandes partidos. No obstante lo cual, IU no se decanta por abandonar la coalición con el PSOE. Don Ovidio, guardián del españolismo pepero, ve peligrar las esencias patrias y vaticina todos las catástrofes imaginables para esta tierra como consecuencia de las perfidias de Zapatero y de Tini.
Frente a todo ello, lo más satisfactorio informativamente hablando es lo referente a la imposición de medallas que tuvo lugar ayer por parte del Gobierno asturiano.
Magnífico el artículo de don Francisco Prendes acerca de la figura de Fernando Morán. Destila el abogado gijonés dignidad republicana, ésa que tanta falta nos hace para construir un país, abismalmente alejada de los panfletos que con tan burdo descaro fueron recientemente impresos y distribuidos en papel de lujo. En su sitio, Amelia Valcárcel. El continuo incremento de su merecido prestigio más allá del Pajares no la lleva en modo alguno a desentenderse de esta tierra; antes al contrario, manifiesta sentirse cada vez más vinculada a Asturias. Estamos ante un ejemplo de libro de lo bien que se pueden conjugar asturianismo y universalismo. Es, como mínimo, para tomar nota.
Día de Asturias. Busqué sin esperanza y con convencimiento alguna alusión al 25 de mayo de 1808. Es decir, a una aspiración, sepultada como otras tantas en Asturias, que pretendía separar lo religioso de lo civil. No aparece tal cosa, por mucho que estén en marcha los preparativos para las efemérides que se celebrarán dentro de dos años. ¿Tan difícil es para tantas y tantas voces autorizadas caer en la cuenta de que aquel 8 de mayo de 1808 significa, al margen de otras interpretaciones, una invitación a que la ciudadanía se implique y protagonice la vida pública? ¿No iba en esa línea la proclama de Flórez Estrada?
¡Qué estremecimiento, Dios mío! Resulta que, según el referido artículo de Prendes Quirós, Fernando Morán, tal maltratado aquí por algunos personajes de su partido, representa la ciudadanía. Y, sin embargo, nadie se aviene a plantear el 25 de mayo como efeméride civil de Asturias. Mal andamos.
En cualquier caso, permítame el lector que ponga de manifiesto que este 8 de septiembre me ha resultado paradójico en grado hiperbólico. El libro que habla de construir Asturias, ciego y sordo el panfleto de marras para cualquier asomo de simbolismo, frente a lo que representan las trayectorias de las personas y las instituciones galardonadas. Que son, en efecto, los mimbres con que se construye un país.
Político culto y desaliñado, epítome del escritor con estilo imperfecto, Fernando Morán, tan vilipendiado en sus primeros años como ministro, tan opuesto a la cultura del pelotazo y al abrazo aristocrático tan definitorios del felipismo.
Brillante, con la acidez precisa, fue uno de los pocos lujos que hubo en los gobiernos de Asturias. No se prodiga en exceso en comparecencias en la vida pública, pero cuando lo hace con sus publicaciones o entrevistas no deja indiferente a nadie y marca admirablemente los tiempos y los rumbos. Me refiero, claro está, a Amelia Valcárcel.
Una institución que se creó con el fin de que la cultura sirviese de instrumento de igualdad y de futuro, como es el Ateneo Obrero de Gijón. ¿Qué queda de aquella Asturias, de aquella edad de oro de nuestra Universidad, que quería convertir la vida pública en un escenario donde fuese posible ubicar aulas flotantes que rescatasen a los ciudadanos del naufragio de la ignorancia?
Añadamos también empresarios que enlazan con lo mejor de nuestra emigración, así como a científicos prestigiosos.
Lo dicho. Podrían haberse ahorrado los dineros y bochornos despilfarrados en el libro de marras. Para exponer ante la ciudadanía lo que de verdad supone la construcción de un país serviría de ejemplo, perfecto y excelso, el elenco de los galardonados con las medallas de Asturias.
Es el día de hoy un 8 de septiembre donde lo paradójico se hizo hipérbole.

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