El gran lastre que ha impedido hasta ahora el desarrollo que Asturias se merece ha sido una mentalidad provinciana y acomplejada que ha sido convenientemente promovida e impulsada por la mayor parte de su clase política y económica. Las asturianas y asturianos os hemos venido creyendo casi a pies juntillas una serie de dogmas que han venido configurando el discurso dominante en nuestra tierra: «el asturiano no es una lengua, es un dialecto», «Asturias necesita para mantenerse del subsidio de Madrid», «poner en nuestras manos asuntos como la sanidad y la educación es una locura», «apoyar la cultura tradicional es apostar por lo viejo frente a lo nuevo», «todo autogobierno disgrega el Estado». Estos son algunos ejemplos de expresiones publicadas en los medios de comunicación y repetidas por personas supuestamente ilustres que reflejan esa minusvaloración de lo nuestro y de nosotros mismos que nos viene atenazando. Por otra parte, es curioso observar como gran parte de esa misma gente, y no sólo aquellos instalados en la mentalidad conservadora, defiende también que lo público funciona peor que lo privado, que lo individual prima sobre lo colectivo o que la única liberta que merece ser defendida es la del mercado. Esto hay que cambiarlo.

Es tiempo de un nueva mentalidad, de una nueva forma de autoconciencia de nuestro pueblo. El asturianismo político de izquierdas tiene que liderar un movimiento para provocar profundo cambio cultural, social, político e institucional. Un amplio movimiento que tenga como objetivo final el relevo de esas elites económicas, políticas e intelectuales ancladas en la mentalidad tradicional antes descrita. El debate sobre el nuevo Estatuto de Autonomía de Asturias nos ofrece la oportunidad para que esta idea se inicie, se organice y tome la forma más amplia y plural posible. El contenido de ese nuevo Estatuto debe reflejar de una vez el nuevo paradigma que reconozca la capacidad de nuestro pueblo para autogobernarse desde una conciencia de identidad colectiva propia pero no ajena al proyecto de construir un estado español y una Europa desde los valores de la solidaridad, la justicia y la libertad.

Por eso, el nuevo Estatuto ha de romper con esa mentalidad acomplejada y con los límites que para nuestro desarrollo y bienestar nos hemos impuesto sin ninguna justificación. Por eso, también ese texto tiene que incorporar aquellos elementos que nos identifican como pueblo. Así, se ha de reconocer de una vez la oficialidad de la lengua asturiana y de la fala o gallego asturiano en su ámbito territorial tanto para garantizar la conservación de una parte muy importante de nuestro patrimonio cultural como para preservar los derechos lingüísticos de los miles de asturianos y asturianas que desafiando los límites impuestos lo hablamos ya. También deberá servir para perfeccionar y democratizar nuestras instituciones modificando el sistema electoral para establecer una circunscripción única y haciendo desaparecer las trabas jurídico institucionales que impiden la equiparación de nuestras instituciones de autogobierno con las de las comunidades más prósperas y avanzadas del estado español.

Pero además, la nueva norma fundamental de las asturianas y asturianos debe incorporar nuevas competencias que permitan ampliar la capacidad de Asturias para mejorar el bienestar de sus ciudadanas y ciudadanos. Porque frente al discurso agorero, centralista y acomplejado del viejo paradigma la experiencia ha demostrado que si queremos podemos hacer bien las cosas y cuando gestionamos asuntos como la sanidad, la educación, los servicios sociales, la prevención de los riesgos laborales, la coordinación de las emergencias o la vivienda, por poner algunos ejemplos, la calidad, la eficiencia y la eficacia de la gestión mejora con el consiguiente beneficio que ello entraña para el conjunto de la sociedad. Por eso no debemos renunciar a asumir las competencias en políticas integrales de empleo, tanto activas como pasivas, la gestión del sistema de protección social por desempleo y de las prestaciones de la seguridad social en un marco federal que garantice los criterios de solidaridad del conjunto del sistema y una inspección propia en materia de trabajo. Y como estamos orgullosos de Asturies, también debe garantizarse un marco de proyección exterior de la comunidad autónoma que permita que otros nos conozcan, nos valoren y aprecien la calidad de nuestros productos y de los bienes y servicios que podemos ofrecer. Esa proyección exterior resulta además indispensable en el mundo global e interrelacionado del siglo XXI. Asturies tampoco tiene que renunciar a competencias que ya gestionan con éxito y eficacia otras comunidades del estado en asuntos tan importantes y sentidos por la ciudadanía como, por ejemplo, la seguridad pública. No debemos renunciar a afrontar los nuevos retos que en este ámbito se plantean por lo que el nuevo texto habrá de contener la creación de una policía autonómica y deberá ampliar las competencias en materia de protección civil, salvamento marítimo y aeropuertos.

Si el pueblo asturiano se ha caracterizado a lo largo de su historia por haber compartido, impulsado y defendido en muchas ocasiones de manera heroica los valores de la democracia, la libertad, la igualdad, la solidaridad, la justicia social y el pluralismo político, esos valores deben aparecer expresamente proclamados y reconocidos en el texto estatutario como una declaración de derechos que han de ser garantizados por los poderes públicos de la Comunidad Autónoma.

Ese es a grandes rasgos el marco estatutario que las ciudadanas y ciudadanos de Asturias nos merecemos. Pero hoy por hoy no hay una mayoría política que sustente esta propuesta y por eso hay que construirla. El único proyecto político con representación parlamentaria que esta en esta clave es el derivado de la confluencia estratégica de dos fuerzas políticas, Izquierda Unida y el Bloque por Asturies. Ahora es más necesaria que nunca esta alianza estratégica que ha de reforzarse y ampliarse aún mucho más. Pero sabemos que mucha más gente comparte con nosotros este nuevo paradigma desde los sectores del asturianismo cultural y político, también desde otros ámbitos de la izquierda social y del progresismo asturiano.

Esta amplia Convocatoria por Asturies es necesaria para movilizarse e impedir que la vieja mentalidad, anacrónica y condenada a la extinción en el nuevo estado federal que la izquierda ha puesto en marcha y que es imparable, sea la que imponga un Estatuto mínimo e insuficiente, y por tanto, gravemente perjudicial para el desarrollo de Asturias.

FRANCISCO GARCÍA VALLEDOR. CONSEJERO DE JUSTICIA, SEGURIDAD PÚBLICA Y RELACIONES EXTERIORES DEL GOBIERNO DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS.