De todo lo que se ha dicho sobre la tomatina,esa fiesta que se celebra en la localidad valenciana de Buñol el último miércoles de agosto y que consiste en una batalla de tomates (100.000 kilos de ellos se arrojaron, la semana pasada, 40.000 personas), lo que más me gusta es el titular de ¡Qué!:"Liarse a tomatazos relaja y es sano para la piel y el pelo".
Las generaciones anteriores a la nuestra se educaron con la idea de que sacrificándose - renunciando a la satisfacción grosera e inmediata del pecado- ganarían la salvación eterna. Algunos sustituyeron ese esquema por otro, terrenal y colectivo en vez de individual y celeste, pero muy parecido: el sacrificio de unas cuantas generaciones nos llevaría al paraíso de la sociedad sin clases.
Hoy, está claro donde se sitúa el modelo sacrificio-recompensa: la salud ha sustituido a la salvación y la longevidad a la inmortalidad como fin último. De ahí toda una teología. En vez de pecados veniales y mortales (o explotación del hombre por el hombre), tenemos azúcares, calorías y grasas; en vez de confesión y penitencia (o revolución y dictadura del proletariado), dieta mediterránea y fibras. Donde antes renunciábamos a Satanás, ahora renunciamos a la bollería industrial, y las grandes disputas teológicas versan hoy sobre los beneficios o peligros del jogging, el pescado azul, el vaso de vino, el aerobic, el colesterol bueno y malo y el aceite de oliva.
No sé de ninguna dieta alimenticia ni método gimnástico (ni siquiera ése que lleva el sugestivo nombre bíblico de Pilates) que prometa la salvación eterna; como mucho, en medio de consideraciones sobre abdominales y bíceps, deslizan algún concepto vagamente teológico-filosófico: Pilates por ejemplo asegura ser el entrenamiento que se rige por "el Todo, no la parte". La salud se ha convertido en un valor tan absoluto que no necesita apelar a nada para venderse; todos los demás le están subordinados, hasta el placer erótico: cualquiera creería que éste se basta y sobra por sí mismo, pero lo cierto es que hay no menos de 659.000 páginas web, según mi buscador, dedicadas a explicar sus beneficios para la salud: "Estimula la saliva, alivia el dolor de cabeza, destapa la nariz bloqueada, aumenta el número de glóbulos rojos"... Y ahora, la religión. Cualquiera creería que la salvación eterna y la resurrección de los cuerpos son argumentos de venta (como dicen los comerciales) más que suficientes para hacernos creer en Dios o en lo que hiciera falta, pero lo cierto, también aquí, es que hay 598.000 páginas de internet que hacen propaganda de los beneficios de la fe sobre la salud. Entre ellas, una de la archidiócesis de Madrid (www. archimadrid. es), donde aparte de presentarnos a un Jesús que más parece salido de un libro de autoayuda que del Evangelio ( "feliz", "libre de prejuicios", "transgresor" y dotado de "una elevada autoestima"), se nos asegura que "aquellas gentes que van a la iglesia o a la sinagoga regularmente tienen más salud física y mental y disfrutan de un sistema inmunológico más saludable".
Pues qué quieren que les diga. Si resulta que de lo que se trata no es de ir al cielo, sino de tener un buen sistema inmunológico; si resulta que para eso tanto da la iglesia, como la sinagoga, como la tomatina; si el objetivo es el mismo y se puede conseguir ya sea yendo a misa, ayunando, rezando el rosario, creyendo en la Santísima Trinidad, la Inmaculada Concepción y la infalibilidad del Papa, o liándose a tomatazos, si es eso, prefiero el tomatazo.

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