El estudio que hemos realizado, sobre una muestra de 1.700 compañías mundiales de 1997 a 2004, parece confirmar que para invertir con responsabilidad social es preciso un equilibrio entre sostenibilidad y riesgo de rentabilidad inferior. Privilegiar la creación de empleo -elemento esencial a priori- es legítimo y deseable, pero debe combinarse con técnicas cuantitativas y de gestión del riesgo.
Las empresas creadoras de empleo fueron recompensadas por las cotizaciones en sus mercados a finales de los 90 -más las estadounidenses que las europeas-. Pero desde el estallido de la burbuja, a finales de 2000, las que redujeron más puestos de trabajo resultaron ser las más recompensadas. La recuperación económica no ha creado empleo. En este último periodo las empresas que han creado puestos de trabajo no han sido recompensadas ni penalizadas.
Así pues, es importante ser realista al realizar inversiones socialmente responsables. Producir una cartera con elevada sostenibilidad no debe consistir en batir un índice sistemáticamente, lo que sería imposible. En general, los inversores no están preparados para sacrificar gran parte de la rentabilidad por una mejor sostenibilidad.
Dada la variabilidad con la que el mercado premia las actividades socialmente responsables, es recomendable no simplificar una estrategia basada en la creación de empleo. La solución más aceptable y realista es someter las calificaciones sociales históricas a pruebas externas, partiendo de la información que el inversor hubiese tenido a la hora de invertir.
Christoph Butz es analista de Pictet Asset Management.
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