La consejera de Cultura del Principado, Ana Rosa Migoya, se mostró firme el otro día, tras visitar las obras de la Universidad Laboral, cuando afirmó que no mutilarían este noble edificio eliminando símbolos franquistas (propiamente, falangistas, ya que el conjunto iba para templo de la Falange, pero personas muy inteligentes le dieron un quiebro al proyecto inicial; esa misma inteligencia la echamos ahora muy en falta).

Pero, pese a su primera firmeza, Migoya se reblandeció horas después y vino a decir que ya se verá si se mete la piqueta y dónde. El día de la visita, la Consejera también realizó unas declaraciones intolerables sobre la supuesta corrupción constructiva de la Laboral, o sea, el necio tópico de siempre, aunque de ello hablaremos otro día.

Volvamos a las mutilaciones, porque, de hecho, en la Laboral ya se han producido varios desquicies que muestran la ignorancia sobre la obra de Moya. De todas las mutilaciones reseñables, sólo citamos ahora mismo la que será más ostensible: la desaparición del mural del teatro.

Por resumir, de lo que se está realizando en el edificio de Moya, un tercio es un acierto; otro tercio se ejecuta sin criterio y con oportunismo, y el último tercio consiste en desfiguraciones alarmantes. Ejemplo palpable de esto último se halla en el añadido al convento de las Clarisas, que sirve de plató a la TPA. El resultado ha sido el pastiche por antonomasia, el pegote arquitectónico y la prueba de que la Laboral es un juguete en manos diletantes.

En cuanto a las mutilaciones de Migoya, llegado el caso, por favor, no hagan ustedes el Zapatero. Tengan sentido común y no hagan de presidente atrapado por minorías chillonas que representan a bien poco pueblo y que suponen una anormalidad política por la que el PSOE acabará pagando. Por el contrario, no se desfigure la historia -ni la Laboral-y no se borre el dato de que algún día hubo falangistas en Gijón, alguno de los cuales, filonazi por añadidura, se volvió después un honroso socialista. No hagan el Zapatero, por favor.