En los próximos días se celebrará la Fira de Teatre de Carrer de Tàrrega, una feria de las artes escénicas que ya va por las 26 ediciones y que, por lo tanto, puede considerarse como decana de los mercados artísticos que se celebran en Cataluña.
La Fira de Teatre se dedica esencialmente a la promoción estatal e internacional del teatro de calle, aunque este concepto sea un tanto frágil, y abrace, en consecuencia, una amplia gama de topologías escénicas que van desde la danza hasta el teatro visual, pasando por las producciones de pequeño formato muy adaptables a todo tipo de espacio de representación.
Tenemos la percepción de que el éxito de un mercado se mide por la cantidad de productos que logra vender y es evidente que los movimientos comerciales que una feria consigue promover son un indicador sensato de eficacia, aunque en el caso de la cultura este dato sea un tanto relativo dado que el conocimiento de los colectivos artísticos es acumulativo y una serie de contratos se cierran con independencia del conocimiento exacto de la última propuesta de cada compañía.
Al margen del resultado económico, la Fira de Teatre de Tàrrega, nos ofrece otro dato importante en la medida que actúa como un termómetro de la vitalidad creativa de una parte de nuestros colectivos artísticos.
Conviene detenerse en este punto porque los últimos años de la Fira de Tàrrega ponen en evidencia el bajo momento de la creación teatral en los ámbitos que afectan a su programación. Déjenme aclararles de entrada que ello no significa ningún tipo de crítica a la Fira, de hecho Tàrrega actúa como un visualizador y al margen de lo opinable que pueda ser la selección de espectáculos que presenta (como en cualquier muestra de este tipo), en realidad solo puede elegir entre aquello que se produce.
Pero aún aceptando que la Fira sea un notario de la realidad, entre sus posibilidades de actuación también está el de contribuir a crear referencias que incentiven una mayor ambición artística.Para ello existen dos líneas de actuación a las que no debe renunciar bajo ningún concepto: las propuestas internacionales y las coproducciones.
Conviene que la Fira de Teatre de Tàrrega elija de entre las diversas posibilidades que el panorama internacional ofrece, aquellas que añadan a su valor artístico una capacidad objetiva de convertirse en referente creativo para las compañías locales.En este sentido ver un espectáculo puede ser tan importante como trabajar con sus artistas y conocer los planteamientos metodológicos de sus productores.
La coproducción, por su parte, adquiere un valor fundamental mediante el cual la Fira de Tàrrega puede estimular y dinamizar ciertas tendencias que a la postre le permiten administrar su personalidad. Para el director de una Feria no debería haber nada tan estimulante como la posibilidad de influir en aquellas líneas de desarrollo creativo que le interesan, alterando (para mejorarlas) las dinámicas creativas de su país en el período de su mandato.
Un mercado teatral sin capacidad de producción y con poca capacidad de influir en las programaciones de las salas o municipios es un instrumento cultural condenado a la incomprensión y a la crítica voraz de los expertos. Por eso es importante hacer notar el esfuerzo que Tàrrega debe hacer para reconquistar estos dos espacios de poder sectorial.
La presencia de programadores en la Fira asegura un razonable éxito en su vertiente comercial, ahora le toca asumir con valentía y contundencia sus responsabilidades en la creación de tendencias y propuestas artísticas de innovación y prestigio.
© Mundinteractivos, S.A.

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