La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

7 Septiembre 2006

Diferencias, de Isabel Boto Álvarez en La Nueva españa

El 22 de junio pasado tuve ocasión de participar en una jornada sobre desarrollo rural celebrada en Olite (Navarra), en la que, bajo el lema «Creación de alianzas y redes temáticas en las comarcas», se compartieron diferentes experiencias en el común intento de buscar nuevas fórmulas que ayuden a hacer realmente «sostenible» la vida en nuestro medio. Naturalmente, en este tipo de encuentros todos intentamos mostrar la cara más amable de nuestra realidad o del proyecto que defendemos, que nunca es un cuento ni el inalcanzable ideal que pretendemos; pero contrastar experiencias, valorando con objetividad los logros obtenidos y teniendo en cuenta los claroscuros que se adivinan detrás de las palabras más o menos bonitas -me decía mi compañera Jimena, del «Ceder» de Valle del Ese, que se aprende más «sotto voce» en los pasillos, en la charla «extraoficial», que en los talleres y ponencias-, puede ayudarnos a comprender el porqué de nuestros fracasos y abre nuestra mirada hacia horizontes más amplios.

La víspera, para «centrarme» un poco, había buscado en la enciclopedia de mi ordenador «Olite»; venía definido como «municipio pionero en el movimiento cooperativista» que «conserva muy bien sus monumentos medievales», y pensé que ambas cosas suponían un alto elogio para sus habitantes. De lo segundo da testimonio el viejo castillo-palacio, que, con sus impecablemente restaurados torreones, alza su emblemática silueta como la maqueta perfecta de una ciudad de ensueño en un juego infantil. Y por un momento el viajero tiene la sensación de que las rúas medievales, que conservan sus antiguos nombres, podrían conducir sus pasos hacia alguna suerte de túnel del tiempo.

En cuanto al cooperativismo... bueno, ésa fue una de las palabras más repetidas a lo largo de la jornada, junto con expresiones ya tópicas, como desarrollo sostenible, agricultura sostenible, arraigo-desarraigo, despoblamiento, éxodo rural, diversificación profesional... Hace unos días, un editorial de La Nueva España, partiendo de la noticia de la aplicación de la supertasa en nuestra comunidad, abordaba los problemas del sector lácteo y la necesidad de abrirnos a nuevas formas de producción y aprovechamiento de todos nuestros recursos. Es cierto que la diversificación de productos y actividades y la creación de nuevas empresas que encajen y arraiguen en su entorno pueden enriquecer al medio rural, económica, humana y culturalmente; pero es el sector agrario el eje fundamental de la economía rural y el principal factor humano que vertebra su tejido social: es imposible resolver la crisis del medio rural de espaldas al sector agrario, en el cual el sector lácteo tiene un peso importantísimo. Muchos ganaderos han invertido fuertes cantidades de dinero en cuota láctea, que es en este momento uno de los principales activos de la explotación y que, sin embargo, es algo precario, porque puede perder ese valor en pocos años. Por eso me han parecido desafortunadas las palabras de cierto sindicalista, al que me unen amistad y respeto, pidiendo la gratuidad de las cuotas: no existen soluciones fáciles a problemas complejos.

Tampoco voy a decir que el cooperativismo sea la varita mágica capaz de resolverlos, ya que no existe tal cosa fuera de los cuentos infantiles; pero aquel día, en Navarra, me llamó la atención una de las ponencias en la que veíamos cómo una comarca, la Manchuela (que abarca veinticinco municipios de Albacete y Cuenca), partiendo de una fuerte asociación mayoritariamente cooperativista de agricultores vitivinícolas y poniendo en marcha un funcionamiento efectivo de las mesas sectoriales para el mejor aprovechamiento de todos los recursos, conseguía su propia denominación de origen, abriéndose paso en el mercado. También pude comprobar que el municipio anfitrión del encuentro, con fuertes agrupaciones de cooperativas, hacía honor a la definición que había visto en mi diccionario. Y hube de preguntarme: ¿por qué el cooperativismo no «prende» en Asturias? ¿Y por qué, teniendo la más importante empresa láctea de naturaleza cooperativa, se nos quiere hacer ver que ambas cosas -cooperativa y gran empresa- son conceptos imposibles de conciliar?

Responder a la primera pregunta prolongaría demasiado este artículo, y merecería todo un estudio sociológico (el antropólogo asturiano Adolfo García se ha ocupado de este tema en alguno de sus ensayos). En cuanto a lo segundo, lo cierto es que esa opinión, transmitida en repetidas ocasiones desde la cúpula de Central Lechera Asturiana a través de los medios de comunicación, ha ido sentando cátedra en la sociedad asturiana, ante la indiferencia de un sector que ha perdido identidad y no encuentra objetivos, y la pasividad de una Administración que se conforma con decirse impotente. Así abonado el campo, no es de extrañar que «florezcan» en él declaraciones como las que suele hacer el presidente de la FENIL, Roberto Moré, que, a la vez que predica la unión de las industrias lácteas para afrontar los nuevos retos del mercado global, se despacha con opiniones sobre lo inviable y obsoleto del cooperativismo agrario -es decir, la unión de los ganaderos-, basando su argumentación en razones tan peregrinas como el final del colectivismo soviético.

Mientras tanto, en países con una antigua tradición lechera, como Dinamarca y Holanda, las cooperativas Arla Foods y Friesland Coberco (por poner algún ejemplo), con más de 10.000 socios ganaderos activos cada una, siguen incrementando su facturación y sus beneficios. Y desde Portugal, la gran cooperativa Lactogal (resultado de la unión de las cooperativas Lacticop, Agrox y Proleite) empieza a comernos terreno en la Península. (La Nueva España, 11-8-06... claro que, como siempre, cada uno puede hacer de esa noticia la lectura que más le convenga). Por su parte, nuestros vecinos (primos hermanos, según el viejo refrán) «fichan» a un asturiano desechado por CAPSA, que, al parecer, consigue hacer despegar con muy buenos vientos a la cooperativa gallega Feiraco. ¿Es que en Asturias somos diferentes?

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