Aun siendo muy relevante la diferencia, a Maragall lo precipitó a las tinieblas pero en cambio a Clos lo ha aupado lo más arriba posible. Pero la novedad en política es que con la salida de Clos se ha consumado la toma total del poder por parte de Pepe Montilla.

Lo que haga o diga Maragall ya no cuenta. El mismo hecho de salir reclamando el famoso grupo parlamentario y, peor, la anunciada baja del partido de su esposa indican una impotencia que en la práctica es total. ¿En qué situación se encuentra el presidente de un partido, que además es la primera autoridad institucional en el ámbito de este partido, cuyas propuestas no tienen siquiera la más mínima posibilidad de ser, no aprobadas, no debatidas, sino tomadas en consideración? Sólo hay una respuesta: cadavérica. Súmenle la rueda de prensa que se han montado los del Govern sin dejarle ni siquiera participar, ignorándolo además en todo y por todo, como si ya hubiera muerto, lo que en términos políticos es cierto y no admite paliativos. Cuando un político puede decir mucho pero no puede hacer nada, nada de nada, es que su ciclo ha terminado. Para Maragall, de una manera abrupta, creo que inmerecida, pero por vueltas que le den, es así. Por no tener, no tiene ni el derecho a pataleta, pues si cayera tan bajo demostraría una falta de elegancia y madurez personal indigna de quien se ha pasado la vida luciendo su versión del complejo catalán de superioridad que llamamos complex de Sant Gervasi.Como lo único que le queda es preparar su posteridad, si Maragall continúa por este camino, el fastidiar como un crío rebelde y sin fuerza, se le va a recordar, no como a un señor, sino como a alguien que tenía corazón de xava y alma de navajero sin navaja. Lo digo como consejo, porque le quiero bien.

Vayamos a por Clos. El relevo del alcalde se ha producido del mismo modo que el de sus predecesores, con la salvedad que luego comento. Algo anómalo acaece en Barcelona cuando, de cuatro alcaldes democráticos, sólo uno ha llegado a la alcaldía después y no antes de ganar las elecciones. Los otros tres, contando a Hereu, han sido primero designados y luego refrendados por el electorado. La primera vez, era lógico. La segunda, cuando la espantá de Maragall, todo fue muy raro. Ahora ya pasa de castaño oscuro. La prueba de que a Clos le ha echado Montilla, con la connivencia de Zapatero, es que no ha dicho ni pío sobre la designación del siguiente. Serra nombró a Maragall y Maragall a Clos. A Hereu le ha nombrado Montilla. Eso es lo significativo. Eso proclama con la máxima elocuencia que, en términos de poder o siquiera capacidad de influir en su partido, Clos es otro cadáver. Hasta hoy, los alcaldes de Barcelona han ido por libre. Maragall consideraba que no debía nada al PSC. Clos, tres cuartos de lo mismo. Hereu se lo debe todo a Montilla. Hereu ha sido enfeudado, ha sido ascendido por Montilla. Ésa es la diferencia. No el futuro de Clos dentro de año y pico, que no importa a nadie salvo al propio casi ex alcalde. En política, o dispones de una plataforma de poder o no existes. A Clos se la han quitado cuando ya no lo esperaba. Clos va a ser ministro, claro, y eso es algo muy serio. Como patada hacia arriba, es la mejor que por aquí se ha dado, y compensa, en cuanto a estilo, el empujón a los infiernos que Montilla propinó a Maragall. Aun así, mucho se aplaudiría a Clos si en vez de vegetar por allí y dedicarse a la foto y al blablá en espera de la jubilación definitiva, hiciera algo que revelara ambición, fuerza, personalidad política.

A pesar de lo dicho, sería a todas luces injusto y exagerado concluir que el nuevo alcalde no tendrá margen de actuación propia y actuará sin autonomía. Todos son mayorcitos, por lo que nadie debería imaginar a Montilla levantando el teléfono todos los días, ni cada semana, para dar instrucciones. De lo que sí pueden estar seguros es que Hereu se abstendrá de contrariar o enfadar a Montilla.