CON EL regreso de las vacaciones se abre de nuevo el telón electoral. Lo que resta del 2006 quizás sea precalentamiento, pero de ahí hasta mayo del 2007, el agobio será total. Galicia se juega mucho en las elecciones municipales. Los partidos políticos, también. Ignoramos si primará el país o el partido, pero esa es una responsabilidad que a todos afecta e incumbe. ¿Qué cuestiones básicas deberían dirimirse en estos comicios? Daré mi opinión al respecto. La primera y principal es la necesaria dignificación de la institución municipal. La segunda es el urbanismo, asunto estrella que obligará a los candidatos a dar múltiples y pormenorizadas explicaciones. La tercera hace referencia a la financiación y a los cambios que la misma exige. Finalmente, estaría la gestión de los servicios locales (pública o privada) y las políticas asociadas a su ejecución y desarrollo.
Dignificar la institución municipal es defender y precisar sus competencias, regular su financiación y fortalecer su autonomía y gestión. Naturalmente, ello exige una poderosa acción colectiva, pero también requiere esfuerzos individuales solventes para superar la miopía política, la subordinación financiera y la descapitalización organizativa. Por otro lado, el urbanismo será oferta ineludible, lo que exigirá formación y elevada pedagogía. Porque el crecimiento de los pueblos no puede realizarse ya ignorando la ley, la razón, el paisaje y el medio ambiente, lo que supone evitar la dispersión, el populismo y la ocultación de beneficios y costes asociados al proceso urbanizador. En materia de financiación, los partidos deberán conocer y valorar el esfuerzo fiscal del municipio, compararlo con la media de los municipios gallegos y españoles similares en población, así como verificar si las subvenciones responden a reglas o a simpatías partidarias. Porque la financiación justa exige que la subvención recibida dependa en buena medida del esfuerzo fiscal realizado. Este aspecto es crucial para dignificar la institución. Y por último, conviene recordar que pasar de una organización débil y descapitalizada a otra capaz y eficiente, exige invertir en personal y tecnología. Es una opción que no da votos a corto plazo, pero que refuerza siempre el interés general frente a los riesgos asociados a la gestión privada de los servicios. La investigación y el análisis confirma esta tesis, pese a que en general se piense lo contrario.
Las elecciones locales nunca son un proceso político menor. Porque si el municipio no funciona, la democracia decae y se resiente el bienestar. Por eso estaríamos agradecidos si los partidos políticos seleccionaran bien a sus candidatos y presentaran a las personas más capaces para tan difícil y útil menester.

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