EL viernes iré a Covadonga para dar gracias a la Santina por el milagro operado en una imprenta que ha puesto todo su empeño en edificar la Asturias del siglo XXI. Tantas vueltas con la crisis, reconversiones, envejecimiento, emigración juvenil..., sin darnos cuenta que nuestros problemas podía arreglarlos una imprenta de Leganés con vocación mesiánica.

Hace días descubrí en el buzón de mi madre la guía de nuevos santuarios laicos; luego encontré mi ejemplar en Gijón; más tarde, llamó desde Siero mi amigo Manolo emocionado, comunicándome que se le había iluminado la mirada al abrir el buzón, y así miles hasta completar a modo de puzzle el paraíso natural-terrenal; guías llenas de los logros que han hecho de Asturias el paraíso de la sanidad, las comunicaciones, el arte, la cultura, la primera, segunda y tercera edad... En fin, el cielo no pudo esperar y se hizo presente. Lo habitamos, pero ciegos en nuestro vagar por este valle de lágrimas, no lo habíamos percibido. Esta obra repleta de santos, que decía mi abuela para referirse a la vieja ilustración que rompía el monótono texto, hace que la imagen realice el deseo, que lo inexistente haga babear, dada su virtud, para transportar al mundo virtual, más real, por la fe que genera, que la propia realidad obstinada y terca. No vivimos de hechos, sino de ilusiones y esperanzas y poder llevarlas bajo el brazo, en folletos, pueblo a pueblo, publicitarla por el mundo, verla desde el aire, a ras de tierra, desde el mar... resulta el mejor servicio que se puede hacer por esta tierra. Una Asturias en papel 'couché' al alcance de todos.

Asturias es un misterio creado por Pelayo y mantenido por la Santina, pero la Asturias futura no necesita reliquias ni vestigios pasados, basta con los nuevos santos que hacen de la maqueta realidad y del polígono a medias, medios excelsos: constructores caídos del caballo transformados en almas dadivosas que hacen su trabajo desinteresadamente, empresas editoriales que aplazan sus tareas porque han encontrado una misión profética editando santorales, y dirigentes políticos convertidos a la humildad reacios a salir en la foto. No sé por qué la oposición se empeña en buscar responsabilidades. Mejor consultar fuentes parasicológicas.

Asturias es una realidad de papel, una colección folletinesca que regala una imprenta generosa para disfrutar el cielo desde casa. Primero fue la imagen de la Santina. Luego, durante la transición, colocabas la bandera de Asturias. Con la democracia, te atiborraste de tomos temáticos de diarios dominicales y, ahora, al final de la historia, tendrás que habilitar un expositor para contemplar en actitud de adoración el paraíso de papel. Puxa Asturies.