Ni contigo, ni sin ti, tienen mis males remedio, de Jordi Juan en La Vanguardia
Ya pueden aparecer los consellers del Govern, de cinco en cinco, pregonando la buena nueva de la obra hecha, que difícilmente van a poder remontar la deteriorada imagen del tripartito. Se han dicho tantas cosas y se han acusado de tantas otras que nadie quiere aparecer hoy con la paternidad de la marca y, lo que es más llamativo, ninguno de los tres partidos proclama su voluntad de repetirlo en la próxima legislatura. El PSC, con Montilla al frente, se distancia cada día que puede de ERC e ICV, acusando a unos de inmaduros y a otros de intransigencia. Su objetivo es gobernar en solitario y, como mal menor, según cómo queden las encuestas, los socialistas ya firmarían ahora poder gobernar únicamente con ICV. La inclusión de Esquerra sólo se prevé como causa de fuerza mayor.
ERC, por su parte, ha desempolvado la equidistancia que llevaba tres años guardada en un desván, y cuando a algún dirigente republicano se le menta la bicha del tripartito, no quieren ni oír hablar de semejante posibilidad tal como se ha aplicado. La única concesión que hacen es plantear que si se vuelven a dar las condiciones de un pacto, no será como el del Tinell. Finalmente, Iniciativa acusa tanto a ERC como a Maragall de ser los culpables de la crisis que ha provocado el adelanto electoral. A los dirigentes de ICV tampoco les desagradaría dejar a ERC fuera del futuro pacto con los socialistas, según como quedase el Parlament.
Sin embargo, como dice la vieja copla: "Ni contigo, ni sin ti, tienen mis males remedio. Contigo, porque me matas y sin ti, porque me muero". Y es que parece que los tres componentes del tripartito parecen condenados a entenderse si quieren gobernar ya que difícilmente pueden existir otras alternativas posibles. Descartada la sociovergencia - en política, claro, porque en economía hace muchos años que ya se practica en Catalunya-, la solución del 1-N son habas contadas. Si CiU saca un resultado notable, puede plantearse gobernar con apoyo ocasional de ERC o del PP. Y si es el PSC quien gana, sólo puede mirar a su izquierda.
Y pese a todo, si se repasa la obra del Govern, no todo ha sido tan desastroso. Seguramente coincidirán los propios afectados en que el resultado global es mucho mejor que la imagen que se tiene de los tres años de gobierno. Algo de razón tiene el conseller Joan Saura cuando habla de "ruido mediático". Entre los errores achacables al propio Govern - entrevista Carod-ETA, crisis del 3%- y la campaña anticatalana por el Estatut, los cambios propiciados por los dos gobiernos de Maragall han pasado más que desapercibidos. Y luego, bien por el adelanto electoral o por las desavenencias internas, se han quedado muchas promesas en el tintero, como la supresión de peajes, la ley de la Corporació, la creación de más guarderías o la construcción de vivienda social.
Todo contribuye a crear una cierta imagen de fracaso u oportunidad perdida después de tantos años de gobiernos nacionalistas de CiU. La guinda del pastel la dio el propio president al no asistir al balance de los mil días, como si la cosa no fuera con él. Mientras CiU siga resistiendo, el tripartito puede ser la única salida para el PSC.
Una avenida para Montilla El último acto oficial de José Montilla como ministro de Industria tendrá un marcado carácter personal. Montilla hará una visita oficial a Iznájar, su pueblo natal, donde el Ayuntamiento inaugurará una calle con su nombre. De hecho, más que una calle, es una avenida. Montilla ha acudido regularmente a esta localidad cordobesa, pero siempre lo ha hecho de forma privada y sin que nadie se enterara.
La prueba del Estatut Los próximos presupuestos del Estado van a ser una prueba de fuego para conocer realmente la vigencia e influencia del Estatut. Según reza en su articulado, el porcentaje de inversión que le tocaría a Catalunya sería como mínimo el de su PIB, por lo que el Gobierno no podrá invertir menos del 18% del total. Si la media en los últimos años, AVE incluido, no ha llegado al 12%, pueden imaginarse lo que va a costar llegar a esta cifra.
Efecto Garrigosa Está escrito en esta sección que el gran rival de Montilla en las próximas elecciones podía ser el propio Maragall, que siempre ha ido por libre. Sectores maragallistas entienden que después de lo que ha vivido en los últimos meses, que le ha llevado a su renuncia como candidato, sería pedirle demasiado que encima se callase. Sus últimas apariciones públicas y la decisión de su esposa, Diana Garrigosa, de darse de baja del partido antes de las elecciones, son las peores noticias para el PSC.
jjuan@lavanguardia.es
