La cabeza de Maragall, separada de su tronco político de un certero tajo, rueda por las alfombras del palacio de la Moncloa clamando venganza a los pies de su verdugo, el presidente Zapatero. Aquel amigo y hoy traidor a quien el dirigente catalán ascendió al poder del PSOE en el Congreso donde Bono -otro cadáver- perdió su oportunidad. A Maragall lo decapitaron con el terrible alfanje de plomo como al negro Al-Lubiyá cuando se descubrió en el serrallo que no era eunuco como debía. Así lo contó en un hermoso relato Camilo José Cela, quien el día que alcanzó el Nobel fue vilipendiado por los mismos que han pasado el verano tapando las andanzas juveniles de Günter Grass.
Se anuncia un curso espectacular. Pasen y vean al hipnotizador de serpientes con Rajoy en la Moncloa para representar, ¡otra vez!, el papel de doña Inés en la escena del sofá con este incansable Tenorio que le tomará la mano y el pelo con la misma soltura con la que le sedujo y engañó durante el pasado debate sobre el estado de la nación.
Si Zapatero llama a Rajoy es porque lo necesita. No es para hablar de sus pretendidas reformas constitucionales sino porque las noticias que le llegan de la negociación con ETA y Batasuna no son buenas y, aunque no hay sangre y piensan que el alto el fuego no tiene marcha atrás, en la Presidencia se temen lo peor: Otegui dice que Batasuna se queda y Ternera exige autodeterminación.
El cortejo de la política se estrenará con un debate previo sobre envío de tropas y navíos españoles al Líbano -«allá muevan feroz guerra, ciegos reyes...»- cuando los españoles saben que la flotilla sería mas útil en Senegal para compensar la ausencia de la UE ante la oleada de los desamparados ilegales que arriban a Canarias, más de 1.500 este fin de semana. Otra vez, con el Líbano, saldrán a colación las respectivas alianzas de PP y PSOE, con USA y UE como en la guerra de Irak, mientras desde sus Fundaciones, FAES y Alianza de Civilizaciones, los ex presidentes Aznar y González echan su cuarto a espadas, uno sin descartar un bombardeo OTAN y otro a pachas con Ahmadineyad.
Pero el Líbano, donde el PP dirá amén, sólo será el inicio de un curso que tiene en las elecciones catalanas el examen crucial. Por eso Zapatero segó la cabeza de Maragall. Necesita a Montilla para recuperar el voto catalanista-español con vista a las elecciones autonómicas y generales de 2008; y a CiU para la estabilidad de su Gobierno, por sus problemas con ERC, y los Presupuestos de 2007 ya a la vista. También quiere Zapatero que el ambiguo Piqué/PP sufra en Cataluña un descalabro que casi inhabilitaría a Rajoy como alternativa nacional.
Zapatero sabe que está en juego su presidencia y su temeraria reforma constitucional encubierta, que podría derrumbarse si cediera uno de sus pilares. Los que entrelazados están en sus cimientos porque conviene recordar, para entender lo que ocurre, un dato crucial: en mayo de 2004 ¡sólo días después de la formación del Gobierno! ETA ofreció al presidente negociar el final de su violencia. Zapatero guardó el secreto y trenzó esta oportunidad con sus necesidades y objetivos: apoyando el estatuto soberano de Cataluña en pago a sus socios nacionalistas y como prueba a ETA de su talante federal para luego reproducir el modelo en el País Vasco. Y, consumada la carambola, poder presentarse a los ciudadanos como el mago de la estabilidad y la paz, llevando bajo el brazo un pacto de hierro con los nacionalistas que impediría por mucho tiempo la alternancia del PP.
Ese es el plan, que se completa con la bonanza económica y la abundancia ideológica y social (memoria histórica, dependencia, igualdad, pensiones). Pero el cántaro de los sueños de Zapatero tiene fisuras que hoy soportan el disfrute del poder. Problemas con los nacionalistas, el PSC, el PSE y los barones históricos del PSOE que aún retumban al fondo de la vasija de barro que ETA podría dinamitar. Aunque imaginamos que unos y otros se preguntarán que ¿dónde van a encontrar un aliado mas fácil y cómodo que este presidente federal?
Difícil será frenar el desvarío de tan extraña coalición, aunque no imposible si Rajoy ofreciera un discurso razonable con portavoces con credibilidad y un equipo de primer nivel como alternativa de Gobierno para conectar sin estridencias con la mayoría de la sociedad. Hablando de presente y futuro sin mirar atrás en pos de conspiraciones y ese pasado de errores del PP y horrores del 11-M que el PSOE supo aprovechar. Que aún sigue vivo en la memoria de los españoles y que podría convertir a Rajoy y a los suyos en estatuas de sal.
psebastian@abc.es

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