Perdón, me refiero a la biblia de algunos economistas. Que, como sabe el informado lector, así llaman algunos profesionales del gremio al Financial Times. Son los que necesitan la verdad revelada para que el verbo de las finanzas se haga carne, así en la tierra como en el cielo.

Pues bien, hace pocos días la biblia hizo público un sesudo estudio cuyo (manido) título era Ética del trabajo en Europa. Avisemos al personal que no se trata de una reflexión weberiana sobre la influencia del calvinismo en el universo del trabajo sino de algo más mundanal: los comportamientos de los asalariados en torno a la reducción de los tiempos de trabajo. La investigación que ofrece el texto bíblico se refiere especialmente a Francia, Reino Unido, Alemania y España. Se nos informa que en todos ellos, excepto España, los trabajadores no son partidarios de la reducción de la jornada laboral. Así pues, si habló Blas, punto redondo.

La investigación del Financial Times nos dice que en España el 72% de la población (sic) apoya la reducción de los horarios de trabajo. Naturalmente se declaran prestos a dar una explicación pues el contraste con el resto de los europeos es evidente y, desde luego, muy llamativo. La biblia nos dice exactamente: eso puede deberse a que los españoles consideran que ya es suficientemente pesado tener que volver al trabajo después de la siesta... Comoquiera que pueda tratarse de un efecto paraléxico, vuelvo a leer el texto sagrado y la cosa queda comprobada: es la siesta, esta venerable institución peninsular, la responsable de que tan espectacular mayoría de personas deseen la reducción de los horarios.

Tirando de mis recuerdos y consultando a los amigos, conocidos y saludados que están cotidianamente en los ajetreos de las relaciones laborales, me confirman que se pueden contar con los dedos de una mano los asalariados que hacen siesta (esto es, salen del trabajo, van a casa, hacen la siesta y vuelven al trabajo) en los días laborables. Consultados importantes dirigentes empresariales, me dicen tres cuartos de lo mismo. En resumidas cuentas, la siesta (con o sin pijama, con o sin orinal) ya no es lo que era, si es que alguna vez lo fue en el mundo del trabajo.

Me pregunto, entonces, si es que mis confidentes están afectados por una infección de increencia o ateísmo, pues tal parece ser dicha confrontación con la biblia. O, tal vez sea, una maniobra de la pérfida Albión para seguir vinculando a los hispánicos con unas viejas costumbres impropias de la modernidad.

Caigo en la cuenta, sin embargo, de que estoy barajando unas hipótesis que no tienen fundamento. La cosa es más sencilla: el Financial Times es, con más frecuencia de lo aconsejable, una banal gacetilla cuyas investigaciones tienen tanta veracidad como la versión revelada de la separación de las aguas del Nilo para impedir el paso de los egipcios que iban pisándoles los talones a los hebreos.

Pero hay algo que no conviene olvidar. La fe en este periódico londinense es tal que hay algunos fieles que, por temor a la excomunión, han aceptado esta versión. Sin duda, porque consideran que fuera del Financial Times no hay salvación. Naturalmente, son pocos -estos son tiempos de relativismo- pero muy influyentes.

Vale. Pero no todo es negativo. Porque tan atolondrada investigación tiene una virtud: volver a poner encima del tapete la importante cuestión de la reducción y reordenación de los tiempos y horarios de trabajo. Hay saberes en los agentes sociales para ello.

© Mundinteractivos, S.A.