El último año ha sido agitadísimo para La Caixa, que ha intentado consolidar su grupo industrial creando el mayor emporio energético español y la mayor empresa concesionaria de autopistas de Europa. En ambos casos, el intervencionismo de los políticos de turno ha convertido lo que podrían haber sido grandes operaciones empresariales y financieras en puros quebraderos de cabeza.

Vamos por partes. La idea de constituir el primer grupo energético español es lógica en un país sin política industrial ni energética clara, y ha sido apoyada políticamente en otros países como Alemania, con E.On, y en Francia, donde el Ejecutivo promueve la fusión de EDF y Gaz de France. Sin embargo, la torpeza del Gobierno español, que se ha inmiscuido desde el primer momento al último, ha convertido la operación en prácticamente inviable ante la aparición del gigante E.On y el apoyo del Gobierno de Merkel a la transacción.

Tampoco Fainé, Brufau y Fornesa estuvieron demasiado finos al calibrar las fuerzas de Pizarro, convertido en causa política de la derecha y en vehículo capaz de poner en jaque el sistema. Con su defensa numantina, le ha sacado los colores a la CNMV, ha puesto en solfa la legislación de OPAs, ha situado contra las cuerdas al Consejo de Ministros -que ha visto cómo la Audiencia le anulaba una resolución- y, por si faltaba algo, ha empantanado la operación en los tribunales, dejando claro que no contar con él ha sido el gran error de los hombres de La Caixa.

Pizarro ha demostrado un gran carácter y una espectacular capacidad de resistencia al asalto, rodeado de una cohorte de abogados y de media docena de bancos de inversión que pagará el que gane la batalla. El pequeño accionista ya ha sido resarcido notablemente con la subida del valor por la feria de OPAs, y lo que puede quedar.

La de E.On podría ser una operación puramente de mercado, con dinero contante y sonante encima de la mesa, pero ha necesitado también el apoyo de su Gobierno de turno y de algunos comisarios europeos de origen alemán, que se han convertido de repente en guerreros de la causa liberal. Zapatero se ha avenido a negociar con Merkel y Endesa ha pasado a ser cuasialemana, ahora que se suavizan las condiciones impuestas por la CNE.

Haría falta un milagro para que Gas Natural mejorara la oferta y E.On no respondiera. Pero, sobre todo, tendría que producirse un vuelco en La Caixa y que mostrara las cartas que nunca ha querido. La Caixa, con su grupo de participadas, tendría músculo financiero suficiente para competir con E.On en la compra de Endesa, sobre todo tras la venta de Colonial y otras muchas participaciones que le han dado un importante colchón de recursos.

Pero la denodada intervención del Ejecutivo, el miedo a la crítica, al PP y al Banco de España -sobre todo con Caruana-, así como otros asuntos internos, han impedido por ahora la apuesta que parecería lógica.

Autostrade: Italia es más fuerte que España

Toda la carne en el asador se ha puesto también en la creación de Abertis-Autostrade, el mayor grupo de concesionarias de Europa, con Benetton en plena despedida y ACS empotrada porque siempre estuvo en el proyecto con La Caixa. Pero la política ha vuelto a interceder. La operación, considerada por Fainé como la unión de dos grandes del fútbol -el Milán y el Barcelona- se les ha atragantado y ha sido varada por el Gobierno italiano.

Se planteó en el trasunto de Berlusconi a Prodi, con una sensación curiosa de vacío de poder en un país del G-7 y de gran peso en Europa, y con el beneplácito de los Benetton, dispuestos a darle un pase bola a su participación. Pero, una vez constituido el nuevo Gobierno, la han considerado algo así como un expolio.

Al menos así se ha presentado a la opinión pública alpina, y personajes como Antonio Di Pietro, ex juez manos limpias y ahora ministro de Infraestructuras, anda inventando excusas para que la operación no se haga. Sobre todo, amenaza con la anulación de las concesiones a Autostrade, lo que dejaría el grupo en nada, con la excusa de que ACS, una constructora, está en el capital y eso estaría más o menos prohibido en Italia. Cosas veredes.

El caso es que tampoco han logrado suscitar, por ahora, el interés de un grupo italiano dispuesto a estropear la transacción. Pero la operación ha entrado en un periodo de protestas y denuncias ante Bruselas, que amenaza con expedientes y otras lindezas. Vamos, que se ha enmarañado y la foto de los firmantes se torna en los periódicos una especie de pesadilla inconclusa.

Si a eso añadimos los arrebatos populistas de Evo Morales contra las petroleras, entre ellas Repsol -que seguramente se verá obligada a llevar a los tribunales internacionales sus contratos-, podríamos concluir que Fainé y Fornesa están siendo víctimas del intervensionismo político en todas sus variedades. Toman en Italia la misma medicina que en España se le ha pretendido aplicar a E.On. Pero España no es Alemania ni Italia, y eso se nota en los resultados. No tenemos grandes grupos en Europa porque no somos nadie en Europa. Tampoco con Aznar lo éramos.

De todos modos, la idea de crear un gran grupo energético español sigue rondando, y el aserto de no hay dos sin tres podría convertirse en realidad.