Yo ya lo sabía, de Toni Soler en La Vanguardia
Lo que oyen: yo ya lo sabía. A lo de Clos, me refiero. De hecho, lo sabíamos Montilla, yo y un par más. Ésta es la cantinela de moda en la política catalana, la que más se oirá en la recepción oficial del Onze de Setembre, ensordecida por el ruido de la deglución de croquetas y delicias de salmón ahumado. En política - y en el periodismo no veas- apetece mucho hacerse el enterado, por eso todo dios asegura haber sido partícipe, incluso cómplice, del plan renove del PSC, la jubilación de Maragall, la patada hacia arriba de Joan Clos, la prematura herencia del Hereu, el desguace del socialismo catalán ilustrado. Una revolución palaciega, metafóricamente completada por ese gesto trágico, teatral, de Diana Garrigosa, rasgando su carnet de militante, anteponiendo el marido al partido. ¡Qué pedazo de esposa! ¿Habría hecho lo mismo Marta Ferrusola? Bueno, ella jamás se habría visto en este trance: en su caso, marido y partido eran la misma cosa. Su única y gran rival - solía decir- es Catalunya.
Cambio de sexo
Lo del PSC no es comparable a un simple lifting, ni a un cambio de look, ni siquiera a un aumento de pecho o de pene: es una reconstrucción facial entera acompañada de un trasplante múltiple de órganos. No se ha hecho de golpe, claro; todo empezó hace más de una década, cuando echaron a Raimon Obiols por la borda. Y todo termina con la salida de Clos, que se va al infierno (sic), y el retiro de Maragall, que se irá al purgatorio. Adiós al FOC, adiós a Convergència Socialista (no confundir con sociovergencia), adiós a los músics y a los restos del pallaquismo. El nuevo PSC procede del viejo, pero es otra cosa. Algo nuevo. Y ahora que lo pienso, el nuevo decano de la clase política catalana será Josep Antoni Duran Lleida, que siempre permanece, aunque siempre esté pensando en irse (la última vez, cuando lo de la foto Mas-ZP en el palacio de la Moncloa).
Don de lenguas
Joan Clos, renovador del lenguaje político catalán, se lanza a la conquista del mercado hispanohablante. ¿Triunfará Clos en castellano? En cierto discurso pronunciado en Barcelona, transformó los aguacates en avocados.Pero sus grandes éxitos semánticos son en catalán. Desde esta Barcelona, "ciutat dels tres turrons (turons)", sometida en 1715 al "decret de primera (nova) planta", Clos nos deleitó cuando expresó su deseo de que "l´AVE arribi al centre de l´estació" (quería decir el centro de la ciudad) o cuando anunció que "tenim dos goril · les nous a l´Ajuntament" (en realidad, se refería al zoo). Clos ha sido un filón para los humoristas, porque tiene tendencia a equivocarse con gracia. Ahora podrá hacerlo para un público más amplio, bajo la presión de los alfilerazos de Zaplana y Acebes. En fin, como diría el susodicho, son "coses que cal tenir en contra". Mucha suerte en el infierno.
La herencia
Lo que más se dice del nuevo alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, es que es de Sarrià. Lo dicen los capitanes del PSC, para desmentir la maledicencia de que la renovación del partido tiene tintes de limpieza étnica. Es decir, que para formar parte del aparato, para merecer sus favores, no hace falta ser del cinturón rojo. Aparte de eso, del nuevo alcalde sólo se sabe que habla como Clos (quizá con un tono algo más aflautado) pero sin su - digamos- creatividad lingüística. Se espera - lo espera el PSC- que Clos arrastre consigo el lastre del Fòrum, el incivismo y el Carmel, para que su sucesor pueda ser un hereu escampa, que rompa con la herencia del pasado sin echar a perder la relativa mejora de sus expectativas electorales. A lo mejor es esperar mucho. Sobre todo si en el día de los difuntos no hay efecto Montilla. Pase lo que pase, yo ya lo sabía.
