Ustedes, los descreídos o reticentes, los escépticos o agnósticos, tienen ante los ojos, una vez más, un milagro. Que se nieguen a la evidencia es otra cosa. Fíjense, si no. Ha aparecido un libro titulado «Construyendo Asturias», cuyas características más notables son la calidad del papel, la impresión a todo color, la abundancia de fotografías, el número de páginas (más de 150) y el peso (en torno a los 800 gramos). Al amparo de ese nombre genérico de «Construyendo Asturias. Una visión regional del siglo XXI» se agrupan, en realidad, textos diversos, que, bajo los epígrafes de Oviedo, Gijón, Avilés, Siero, Oriente, Occidente, se entregan a publicitar, glosar y loar las obras o actuaciones que en el pasado han sido realizadas en esas zonas por el Gobierno asturiano, las que están en marcha, licitadas o en proyecto o las que no son aún más que inconcretos bocetos o designios de futuro. La obra, con todo su peso, se reparte casa a casa y «felpudo a felpudo», representando ello un coste que ha de sumarse a los de confección e impresión, cuyo monto total algunas fuentes elevan hasta los 3.000.000 de euros.
Pero lo notable y singular de ello es que quien ha impulsado ese panegírico no ha sido el Gobierno, ni el partido mayoritario que sustenta al Gobierno, ni el otro partido que lo agabita: todos se declaran no sólo irresponsables, sino desconocedores de cualquier pormenor. Y si ellos lo dicen, que representan el sagrado mandato que el pueblo les concedió en las urnas (¡y aun más: la impoluta honradez y honorabilidad de la izquierda de raigambre marxista!), cómo no vamos a creerlos.
Ha sido, pues, una mano filantrópica la que ha costeado todo ese dispendio, sin duda en un encomiable afán por arrojar luz sobre una ejecución presupuestaria, la del Gobierno asturiano, que yacía en las tinieblas del desconocimiento, porque la modestia del Ejecutivo no le había permitido, hasta ahora, publicitarla, ni mediante ruedas de prensa, inauguraciones, encartables, televisiones, vallas u otro medio imaginable de propaganda. Una mano altruista, además, que, con recato franciscano, y en cumplimiento del mandato evangélico de que la mano izquierda ignore lo que hace la derecha, ha decidido mantener el nombre del promotor de tan generosa empresa en el anonimato.
Para los hombres de poca fe, el suceso encierra además claros significados alegóricos y anagógicos, porque ¿habrá más elocuente ejemplo que éste de la verdad de Mateo 6, 26-30 y Lucas 12, 23-27, aquel pasaje que dice: ¿Nun veis los paxarinos y los llirios del campu, que nin trabayen nin ná, y, ensin embargu...? Así nuestro Gobierno (del PSOE e IU, que disimulan éstos, en el tema, como si no fuesen parte ocupante y beneficiada de los mismos sillones y faetones), el cual, sin tener que afanarse ni atarearse, ha visto sopelexados y portavoceados sus méritos (verdaderos, presuntos, atribuibles, fantaseados o in nuce) por la pudibunda mano que desinteresadamente mueve de forma anónima la bolsa del dinero.
Ya lo decía Chesterton («El hombre que fue Jueves»): «lo más asombroso de los milagros es que se producen».
Xuan Xosé Sánchez Vicente es presidente del PAS.

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