Apunto de subirse al tren del Gobierno central, el alcalde saliente de Barcelona ha dado la bienvenida a los miles de cardiólogos reunidos en el Congreso Mundial. El doctor Clos sabe de qué va el tema. Se encargó un tiempo de poner al día los servicios sanitarios de una de las ciudades más hospitalarias (en el doble sentido) de la historia y cultura europeas. Su oponente, en el cónclave municipal, también es médico. El doctor Xavier Trias fue un buen conseller de Sanitat. Previamente, bajo la autoridad del doctor Laporte, se distinguió en la promoción de unas primeras campañas preventivas contra las enfermedades cardiovasculares.
Hay, por tanto, dirigentes políticos a los que no les viene de nuevo la lucha por la salud ciudadana. Han seguido e impulsado los progresos realizados en el campo sanitario, porque aquí han contado con sabios profesionales de primera línea. Nuestra guerra, triste paradoja, reveló al mundo civilizado la valía de la ciencia médica catalana. El Clínic, el hospital de Sant Pau y otras instituciones fueron dramáticos bancos de pruebas de los que salieron eminencias, cual el doctor Trueta, que luego sirvieron de modo admirable a los ejércitos aliados.
A sus 98 años, el insigne doctor Broggi es aún hoy un viviente protagonista, testigo e historiador de aquellos patéticos combates contra la muerte. Pero la guerra también hizo tremenda mella entre la clase médica, que ya en los años treinta gozaba de singular prestigio internacional en muy diversas ramas. Sobresalían, en la medicina general, los médicos de cabecera, y notables cardiólogos formados en escuelas como la de Ferrer Solervicens y la de Pedro i Pons. Este último, formidable diagnosticador y maestro, junto con otros supervivientes bregó como nunca para superar la precaria época de posguerra. Mantuvieron el fuego sagrado.
Hoy, está a la vista el resultado de un nuevo renacimiento. El congreso es una buena muestra. Tiene al frente al profesor Valentí Fuster, presidente de la Federación Mundial del Corazón, de merecida fama en Estados Unidos, donde ejerce con plena autoridad, y le siguen acreditados especialistas de todo el orbe, incluidos muchos paisanos que aquí suelen rodearle, con su entrañable colega doctor Rius en primer término. Cuenta con el profesor Michel Tendera, presidente de la Federación Europea, y el profesor Luis Alonso Pulpín, de la Española, todos ellos entregados en la difusión de nuevos métodos contra los factores de riesgo de la vida actual: hipertensión, estrés, tabaquismo, alcohol, obesidad, etcétera.
Y con la ayuda de la fértil interacción entre ciencias y la industria químico-farmacéutica, de gran desarrollo en España. En vanguardia, y entre otros, los laboratorios catalanes que lideran los Uriach, Gallardo y Esteve, en competencia o alianza con potentes firmas mundiales. El nuevo ministro de Industria también sabe de qué va la cosa, igual que la influencia de estas enormes citas en el turismo de calidad.

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