En el Saló Sant Jordi del Palau de la Generalitat, con una escenografía propia de los acontecimientos institucionales más solemnes, cinco consellers, cinco, hicieron balance orgulloso de los mil días del tripartito, y al terminar sus explicaciones, un periodista preguntó dónde estaba el president y por qué no participaba en el acto. El conseller de Presidència, de Política Territorial i Obres Públiques y, además, portavoz, Joaquim Nadal, respondió que el president Maragall hará otro día "su propio balance" y para más señas dijo que sería "muy político", anuncio que probablemente provocó ataques de pánico en la sede del PSC de la calle Nicaragua.

Aunque lo parezca, no es ninguna paradoja que Govern y president hagan balances distintos y distantes. La percepción de la realidad depende de la ubicación y las circunstancias del observador. Maragall se va, pero sus consellers aspiran a quedarse, con lo que difícilmente podrían compartir el ajuste de cuentas. Los balances son un inventario del pasado para determinar el futuro, y el futuro de Maragall está en el Mediterráneo, o sea, queda bastante lejos de Nicaragua, donde sí se decidirá el destino de los consellers que intervinieron ayer.

El mensaje que los cinco principales miembros del Govern de la Generalitat - Castells, Saura, Nadal, Tura y Geli- se empeñaron en expresar a la opinión pública fue que Catalunya está hoy mucho mejor que hace tres años y que por lo tanto no hay motivo que justifique un cambio de mayoría de gobierno. Por si había alguna duda, dejaron bien claro que hacían partícipes del balance a Esquerra y hubo quien reconoció echar de menos de los republicanos, a Bargalló. Queriendo o sin querer dieron la razón al estratega de los rivales, es decir, a David Madí, cuando plantea la batalla electoral como un dilema que ha puesto a los catalanes no exactamente entre la espada y la pared pero casi: entre los nacionalistas y el tripartito, o viceversa.

Hay aspectos en los que gobierno y oposición intercambian los papeles con increíble facilidad. Allá por los años ochenta, cuando la oposición de izquierdas acusaba a los gobierno de Jordi Pujol de inoperancia, ineficiencia y parálisis, el entonces president organizaba conferencias de prensa más o menos como las de ayer, pero con menos oradores - sólo hablaba él- y menos parafernalia tecnológica y daba lectura a todas las actuaciones del Govern del último semestre como si recitara el listín de la telefónica. No olvidaba ni el asfaltado de un bache. Luego, adoptó como eslogan aquel célebre "fem i farem" y obtuvo mayoría absoluta.

Con estos precedentes, no es extraño que el tripartito intente hacer ahora lo mismo. Tiene todo el derecho y además una necesidad mucho mayor. Todos los gobernantes se quejan, por supuesto sin razón, de que los periodistas sólo destacan lo negativo y nunca señalan lo que funciona bien. Protestaba en su época Pujol y protesta ahora el tripartito, pero es cierto que el Estatut y las diferencias internas han relegado a un segundo término más que otras veces la gestión cotidiana, haya sido más o menos correcta. Los consellers que intervinieron ayer y el propio president Maragall lo tienen interiorizado sinceramente como una enorme injusticia de dimensiones históricas, por eso ayer hasta se emocionaban cuando expresaban con orgullo todo cuanto aseguran que han hecho o que han planificado para poder hacerlo en los años venideros si las urnas les son propicias. Pero se notaba cierta amargura en la exposición de los consellers, probablemente porque también conocen los datos que suministra el Centre d´Estudis d´Opinió - para entendernos, el CIS catalán-, que sin ir más lejos en julio pasado, cuando ya se había superado la batalla del Estatut, indicaban que más de dos tercios de los catalanes consideraban "mala o muy mala" la situación política catalana, y apenas el 15% la consideraba buena o muy buena. Esta insatisfacción no se corresponde con el triunfalismo expresado ayer por los consellers, que, hay que reconcerlo, mostraron tanta convicción que parecían emular a Galileo cuando intentaba hacer creer a los inquisidores que la Tierra se mueve aunque no se note.