SIN duda la noticia más llamativa del final del verano ha sido la renuncia de Joan Clos a la alcaldía de Barcelona y su aceptación del cargo de ministro de Industria en sustitución de José Montilla. Clos, político dialogante y acostumbrado a lidiar en plazas mucho más placenteras como la municipal, sigue un trayecto similar al de Narcís Serra, aunque, ciertamente, las situaciones no son comparables, ya que el hoy presidente de Caixa Catalunya se incorporó al primer gobierno de Felipe González como ministro de Defensa tras el fallido golpe de Estado del 23-F. ¿Es una promoción política para Clos? En buena medida sí. Ni mucho menos es un cargo menor el que va a ocupar y además tiene el morbo de que hasta la fecha quien lo ha ejercido ha sido Montilla, con lo que el alcalde Clos tiene para sí un hito único: sólo él ha relevado al pasado y presente del PSC. A Maragall en el Ayuntamiento de Barcelona y a Montilla en el Gobierno de Zapatero. Se equivocan los que creen que el PSC aparca a Clos en Madrid. Sólo desde el desconocimiento de lo que es un Estado se puede sostener. ¿Desde cuádo se desplaza a alguien haciéndolo ministro? Otra cosa es que Montilla haya completado una jugada de laboratorio apareciendo el PSC como abanderado del cambio generacional después de llevar los socialistas demasiado lastre en las alas. Habrá que ver, no obstante, qué piensan los electores.
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