Durante un instante esto ha parecido la final de la Copa del Mundo de fútbol: Francia contra Italia. Francia, que encabezaba la delegación europea en la negociación de la resolución 1701 del Consejo de Seguridad sobre el alto el fuego de Líbano, sorprendió a todo el mundo cuando mostró su reticencia a contribuir a la Fuerza Interina de las Naciones Unidas en Líbano (Finul) con un importante envío de tropas. Los observadores europeos dijeron que Francia estaba perdiendo su credibilidad como potencia europea y defensora de la postura de Bruselas para dar una alternativa al papel de Estados Unidos como única superpotencia.

Entonces intervino Italia, que ofreció 2.200 soldados y aseguró que estaba lista para reemplazar al general de división francés Alain Pellegrini, al mando de esta fuerza. Los franceses han argumentado que no pueden enviar los 5.000 soldados debido al débil compromiso del mandato de las fuerzas. Sin embargo, esta justificación no resulta convincente, ya que la ha formulado el país que estaba presionando a EE. UU. e Israel para que aceptaran el ambiguo lenguaje de la resolución 1701. Los italianos pillaron a los franceses por doble sorpresa: el Gobierno socialista y de izquierdas de Romano Prodi estaba preparado para asumir el mando de las fuerzas, mientras que al Gobierno de centroderecha del presidente Jacques Chirac le entró miedo, y la oposición socialista, por insólito que parezca, estaba de acuerdo con George W. Bush en que Francia debía enviar más tropas. Al darse cuenta de la pérdida de su crédito diplomático, Francia decidió aumentar el número de soldados en Líbano a 2.000, mientras negociaba con la ONU la interpretación de la resolución 1701 para permitir un uso más amplio del principio de "legítima defensa" por parte de la Finul.

Europa se enfrenta ahora al reto de transformar la Finul (con un largo historial de pasividad y de hacer la vista gorda ante el rearme de Hezbollah) y deberá convertirla en un brazo ejecutor del sistema de seguridad colectivo de la ONU que existe, como mínimo en teoría, en la Carta de la ONU. Siria, que ha mostrado una oposición radical a la nueva

Finul, e Irán, que tendrá un enfrentamiento crítico con el Consejo de Seguridad a causa de su violación del tratado de No Proliferación nuclear, pondrán a prueba la determinación de Europa para hacer cumplir las resoluciones de la ONU. No se puede permitir que Siria siga violando la soberanía libanesa. Asimismo, Europa tampoco puede continuar escondiéndose tras la táctica rusa y china, que permite abiertamente que los dirigentes iraníes adquieran armas genocidas. La diplomacia multilateral que Europa ha intentado fomentar, como alternativa a lo que Bruselas ha rechazado con cinismo y ha dado en llamar la diplomacia de vaquero de Bush, está a punto de enfrentarse a su hora de la verdad en Líbano e Irán.