Estamos ya en puertas de la vendimia. Este año, tan seco, promete una cosecha de excelente calidad. Por aquí, en la marina del Penedès, no llovió desde enero hasta mediados de agosto y la uva ha crecido sana y turgente. Cada tierra y cada clima da su vino. Las variedades tradicionales del país son las que se demuestran más adaptadas a las extremas condiciones climáticas típicas del Mediterráneo.

Monemvasia es hoy para nosotros una vaga referencia geográfica. Pero este peñón junto al mar en una de las patas del Peloponeso fue, en la época medieval, la mayor fortaleza de Grecia. Y, ya que de allí procedían, dio nombre a las cepas de la malvasía que llegaron a Sitges en tiempos de los almogávares. Aunque hoy ya no quedan en Monemvasia cepas de malvasía. Sabemos por Kenneth M. Setton (Los catalanes en Grecia)que, cuando el sultán Mehmed II, el conquistador de Constantinopla (luego Bizancio y hoy Estambul) se estaba apoderando de la península de Morea, "los habitantes de Monemvasia aceptaron el gobierno de un pirata catalán, Llop de Bertany, que, al parecer, había estado ejerciendo su peligroso tráfico durante algunos años en aguas griegas".

Este Llop de Bertany ¿sería tal vez de Sitges? Un documento del Archivo de Estado veneciano se refiere a él como a "Luppus Cathellanus, qui se nutrit cum quadam sua fusta in aquis Nigropontis", que traducido vendría a ser "Lobo Catalán que navega con su embarcación por aguas del Negroponte". Aunque no sabemos si este luppus tiene que ver, que parece que sí, con aquello de homo homini lupus (el hombre es el lobo del hombre). Los almogávares, que eran soldados mercenarios, cometieron por aquellas tierras bastantes tropelías. Hasta tal punto que aún hoy, en el Peloponeso (parte inferior de la Grecia continental), catalán es palabra que equivale a criminal o algo así. Nuestra amiga Maria Teresa Papagiorgiou, que nació de padre griego sefardí y madre catalana, nos contaba el otro día que tiempo atrás un gran titular de periódico ponía en letras grandes "Fulano de Tal (y aquí el nombre de un asesino), catalán".

En Sitges han hecho de la malvasía (el "or transparent de vinyes" de que habla David Jou en uno de sus poemas) un vino de culto. Su tradición se conserva, ligada a la del hospital de Sant Joan, gracias a la generosidad de Manuel Llopis, quien donó unas viñas en los años treinta con la indicación precisa de que su vino generoso, perfumado y aromático debía darse a los convalecientes.

No hay un vino universal sino vinos locales, matices locales de vino. Así que, siempre en busca de lo excelente, Torres recupera variedades antiguas como el garrut.O la familia Aviñó se ilusiona con el sumoll,en Can Ramon. Mientras la familia Bartra, también de Sant Pere de Ribes, recupera la malvasía, que elaboran no como vino generoso o alicorado sino como vino joven y seco.

La malvasía Sasserra, que es como la etiquetan, ya no es el vino dulce y de postres que fue tradicional sino un vino que, conservando su característico color ámbar y amielado, puede acompañar una comida, y mucho mejor si es con foie-gras o con un cabrales. En el Tirant la única vez que se hace mención a la malvasía es para acompañar a una perdiz.