Hola Vallbona: Pues sí, querido, y que Júpiter, Zeus, Afrodita, Mercurio y Minerva te oigan, o debería decir te lean. Y también el buen dios Baco, por supuesto, y los espíritus gastronómicos y literarios de Pantagruel y su hijo Gargantúa, y el padre de ambos, el genial monje benedictino Rabelais. Si algún día, como dices, llegara a meter mano a uno de esos premios literarios cuya primera cifra va seguida de al menos cinco ceros, o si uno de mis libros alcanzara a vender no menos de 50.000 ejemplares, ten por seguro que iremos a celebrarlo al restaurante Sant Pau, en Sant Pol de Mar, y será para mí un honor y una alegría tenerte sentado a la mesa.

¿Y cuál de sus especialidades le pediremos a Carme Ruscalleda? ¿Tal vez unas espardeñas seguidas de un saltado de bogavante?, ¿colas de cigala, quizás? Pero quién sabe si ese día pudiera ella estar presente, o su marido, Toni Balam. ¿Y si justo cuando vamos se encuentran en Tokio, visitando el Sant Pau japonés? Que esta mujer, además de su envidiable talento para la cocina, ha demostrado tener grandes dotes de empresaria y ya era hora de que alguien les hiciera ver a los mediáticos vascos que en Cataluña también hay grandes maestros de los fogones. En este caso una eximia maestra.

Por cierto, estoy seguro de que nuestros prohombres, que tan mal han guisado el mejunje estatutario, tendrían mucho que aprender de la Carme. En esto también estoy de acuerdo contigo.

En una entrevista Ruscalleda ha declarado: «Cuando llego con ilusión a un establecimiento puedo disculpar muchas cosas, que la consecución no sea óptima, que el plato esté demasiado cocido, o poco hecho, o quemado, incluso disculpo algo que es muy complicado en este negocio, la atención humana. Lo que no disculpo jamás es que haya gente capaz de ponerte en el plato un producto que no está en condiciones. Esto debe estar penalizado siempre. Hay que decirle al responsable 'oiga, venga aquí y, por favor, cómase usted este plato'. Puede fallar el estilo o la técnica, pero es imperdonable que falle la calidad».

No creo para nada que Ruscalleda haya hecho estas declaraciones pensando en el Estatut. Pero, no dejo de pensar en qué pasaría si la gente les dijera a Carod-Rovira; Maragall; Zapatero; Artur Mas y los otros miembros de la comparsa: «Oigan, vengan aquí y, por favor, cómanse ustedes este plato tan mal preparado y de tan baja calidad»

Pero no nos pongamos solemnes, Vallbona. Lo dicho antes, si alguno de los dos alcanza la gloria de la edición y se hace con la pasta correspondiente... ¡A celebrarlo al Sant Pau! Eso sí, por favor, durante la cena no hablemos del Estatut

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