Decía el Premio Nóbel literario Joseph Brodsky que resulta lamentable, cuando nos ha sido dada una vida a cada uno, asumir la de otro. Pues bien, si alguien ha sido, y es, fiel a sí mismo, en la política del Uruguay, ese hombre ha sido Carlos Julio Pereyra. Fue diputado por el Partido Nacional, muy joven; luego, por seis periodos, fue senador de la República. Su personalidad en las filas de “los Blancos” tuvo un momento muy elevado cuando integró la fórmula presidencial con Wilson Ferreira Aldunate. Ciertamente, es en nuestro país una personalidad de referencia nacional.

Nacido en 1922, actualmente retirado de la política activa, acaba de publicar un voluminoso ensayo sobre los años oscuros de la dictadura uruguaya, titulado: Soy testigo. Ediciones de la Plaza ha publicado este volumen que, en estos días, en este país, ha despertado un especial interés, tanto que a poco de editado ya ha sobrepasado tres ediciones. Y es que el autor ha sido testigo de momentos de suma importancia en la política uruguaya, habiendo tenido participación en algunos hitos trascendentes. De todo ello habla en estas páginas, a partir de su propia experiencia: no tiene por qué apelar a otros testimonios; le basta con relatar cuanto hizo para que ese bien máximo, que es la libertad, pudiera ser reconquistado por Uruguay.

En Soy testigo analiza, documentadamente, los años 1960 a 1980. Escribe el político uruguayo: “Hubo dos explosiones de terrorismo homicida: el del movimiento tupamaro, por un lado, y el terrorismo de Estado, por otro”. Y concluye que a la acción de ambos se debió: “El tremendo clima de intolerancia y temor que envolvió entonces a la sociedad”. Y lo analiza este testigo calificado.

El profesor Pereyra considera, no sin razón, que los jóvenes hoy han llegado, incluso, a dudar de los extremos de aquella noche sin libertades que vivimos, y su dimensión; y como estuvo en activa militancia, y considera que el olvido no debe caer en estos episodios, para que no se repitan, ha escrito este balance pormenorizado de los años oscuros de la dictadura.

No se trata de un libro de memorias. Es el relato de una época, escrito por un ciudadano, legislador y dirigente político del Partido Nacional, en permanente defensa de la democracia. Carlos Julio Pereyra escribe que puede dar testimonio “sobre el destino de la libertad en nuestra patria y de periodos florecientes de su vida democrática”. Y habla, en consecuencia, de la entrega generosa de quienes actuaron en defensa de la libertad, y la cobardía de quienes sirvieron al régimen.

En los sucesos que narra, y para usar sus palabras: “No cabe la neutralidad porque sería fácil confundirla con cobardía”. Y agrega: “La neutralidad no es admisible cuando de lo que se trata es de la valoración y el destino de la libertad”. Sustentado en numerosos documentos, este libro sobre la dictadura, que ha despertado tanto interés en Uruguay, es el testimonio irrefutable de lo ocurrido en esa época, a través de la compilación de una serie de relatos de doce años que no terminan por cicatrizar. Es, en fin, la obra reveladora de testigo rebelde de la noche y un centinela del amanecer.