Se acabó el verano y el Gobierno, como cada otoño, tiene que atarse los machos o amarrarse al timón si no quiere ser juguete de los huracanes. Cruzamos el mar de los pámpanos y de los suaves frutos para volver a la corte entre un tropel de rumores. Como siempre, en los mentideros de Madrid, desde Alatriste, los murmullos se magnifican y crecen en el baratillo de los chismes.
Los soñadores sacan de quicio a los realistas y como tenemos un soñador en palacio, que juega a ser paloma y arcángel amenazado por los halcones de Washington y a desenterrar a los muertos de las sepulturas, pone frenéticos a los que en política esperan continuismo, estabilidad y moderación. Dios no juega a los dados, José Luis Rodríguez Zapatero sí; o por lo menos al mus, precisamente un juego de origen vasco. Su órdago de paz inquieta, provoca incertidumbre, descoloca a la derecha, extiende la desconfianza.
Toda duda causa ansiedad. La Bolsa, los empresarios, los financieros y hasta los diseñadores de modas quieren certezas y lo único cierto es que no hay nada claro. El CIS, que no se decide a analizar los hígados de los loros de la Casa de Campo, carece de aquella virtud profética de los arúspices, también a sueldo del Senado romano. De los arúspices se descojonaban los senadores, pero los compraban o los manipulaban, como ahora, dado que cualquier cosa es mejor que la indeterminación. El CIS no anuncia terremotos electorales después de que el Gobierno Zapatero se ha ido defendiendo estos dos años combinando el modelo keynesiano con las leyes de libertades civiles, una propuesta de paz universal, amor para todos, mientras la economía iba como un tiro. Aguantó y hasta consolidó sus apoyos, sin consistencia parlamentaria, en medio de la sorna y las abjuraciones de la derecha. Ahora se presenta un incierto otoño en el que se habla de moción de censura, de elecciones anticipadas, de ruptura con los de la boina, de crisis de cayucos, de un Congreso con menos apoyos. Se ha ido Alfredo Rubalcaba y falta Puigcercós -los dos políticos más capaces de la legislatura-, no hay que contar con Convergencia hasta que no gane las elecciones a Montilla, sólo Imaz se deja codiciar y en el horizonte aparecen unas elecciones municipales, con miles de concejales pisando las lindes del código penal.
Si quieren saber mi opinión, les diré que yo no creo, salvo zambombazo de una fracción etarra, que se adelanten las elecciones; si hubiera o hubiese moción de censura que Mariano Rajoy se acuerde de Antonio Hernández Mancha, aun siendo más avezado parlamentario que Zapatero. Las mociones se estrellan en la alacena cuando va bien la economía. Parece que el laberinto y jofaina del País Vasco va cumpliendo las etapas. Zapatero está muy tranquilo. Si los catalanes le dejan de apretar la muñeca, prolongaría los Presupuestos.
Unas elecciones intempestivas cogerían a todos con los pantalones en los tobillos.
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