Irvan José Pérez improvisa la estrofa de una décima -canción popular canaria- mientras recorremos en coche el devastado delta del Mississippi: "Katrina, la cochina, se llevó todo lo que había. No dejó ni un migajón de pan para el pobrecito que aquí vivía". Pérez no aparenta sus 84 años y tampoco nadie diría que, desde hace más de dos siglos, su familia ha vivido en el sur de Luisiana, a veinte minutos en coche de Nueva Orleans. Habla un español casi perfecto, con total acento canario, y es conocido como cantador de décimas.

"Cuando yo era niño, es todo lo que se hablaba -explica-. Si venía un vendedor que no sabía español, no vendía nada (...) Una tía mía perdió el novio que se había echado en la ciudad porque él sólo hablaba inglés y no supo explicarle por qué un día no pudo ir a buscarla". Pérez forma parte de la comunidad conocida como los isleños, descendientes de los aproximadamente 2.500 canarios que fueron llevados a Luisiana entre 1778 y 1783 cuando esta parte de América del Norte pertenecía a España. Allí les dieron tierras para dedicarse a la agricultura. Un objetivo adicional era que estos colonos españoles sirvieran de barrera frente a la Luisiana controlada por los británicos. Los canarios participaron también como soldados en la guerra de la Independencia de Estados Unidos contra los británicos y en la posterior contienda de 1814. Son, pues, unos canarios que pueden presumir de patriotas estadounidenses de primera hora.

Estos inmigrantes poblaron sobre todo la parroquia de San Bernardo (Saint Bernard Parish). En lugar de condado, España impuso en Luisiana el término parroquia, que se ha mantenido hasta ahora. Es la zona del delta del Mississippi fronteriza con Nueva Orleans por el este y sudeste. Por aquí entró la marea del Katrina - una ola de ocho metros- que lo arrasó todo. De los 67.000 habitantes previos al huracán, sólo han vuelto unos 20.000. La inmensa mayoría vive en tráilers vivienda facilitados por el Estado mientras rehacen sus casas.

Pérez es un tesoro cultural viviente, fruto de la tradición oral. Pertenece a una generación que se extingue. Los isleños sobrevivieron durante mucho tiempo con una economía de pura subsistencia, adaptada a los avatares cambiantes. Domesticaron animales, cultivaron caña de azúcar, se dedicaron a la caza, fueron tramperos en busca de pieles, pescadores. La presencia de los canarios atrajo luego a otros inmigrantes españoles, incluidas varias familias catalanas como los Mas, los Feliu, los Robert. Centenares de miles de habitantes de Luisiana tienen ancestros españoles. Por desgracia, incluso en el núcleo de Saint Bernard son contados los jóvenes que conservan el español de sus abuelos.

Bill Hyland, historiador y director del complejo museístico Los Isleños -destrozado por el ciclón-, está entre quienes luchan por mantener el legado cultural. Ha hecho investigaciones en Canarias y la Península para saber más de los colonos. "Cuando yo era pequeño se podía encontrar a gente mayor que no hablaba ni una palabra de inglés - afirma-. La presencia española estaba viva. Era una gran experiencia para mí ver que vivían de forma distinta a la del resto de la sociedad urbanizada. Eran muy hospitalarios. Se tomaban como un insulto que rechazaras su invitación a comer unas tortas. Como en Canarias. Como en España".

La huella demográfica española en Luisiana va más allá de los canarios. En New Iberia, en el oeste del estado, se instalaron en la misma época un millar de malagueños. Las autoridades coloniales españolas ejercieron una influencia muy duradera en ámbitos como la arquitectura -el uso de la piedra en lugar de la madera-, la agricultura, los mercados, las normas higiénicas y hasta el diseño de los cementerios -tumbas elevadas, en vez de bajo tierra-. "Pero en Nueva Orleans les gusta más decir que son franceses que españoles, ya sabes, Napoleón, la grandeur",bromea Hyland. El historiador está convencido de que "gracias a España, Luisiana pudo mantener durante los siglos XIX y XX su identidad cultural diferente del resto de Estados Unidos". Respecto al futuro de Saint Bernard y de los canarios, Hyland es optimista: "Lo alentador es que vemos volver a muchos. Están muy ligados a esta tierra".

Los canarios de Saint Bernard formaron una sociedad patriarcal, solidaria y de gran respeto hacia sus mayores. Se consideran todos primos. Ese espíritu se aprecia cuando se interesan por el destino de familiares y amigos tras el éxodo causado por el Katrina. El sentido del honor es muy importante, como dice la décima que canta Irvan Pérez: "Si pierdes el reloj, otro puedes hallar. Pero una mancha negra en tu nombre nunca más se puede borrar".