Queridas Lorena y Rebeca: sois dos chicas que el 21 de agosto expresasteis en estas páginas vuestro malcontento por la situación laboral, vuestra personal y de todos los demás. Aunque creáis que no tenéis trabajo, estáis muy equivocadas -yo también lo creía-, a pesar de que los últimos datos del observatorio ocupacional del Servicio Público de Empleo estatal de Asturias -si leer el nombre cansa, imaginaos escribirlo- digan que vosotras y otros muchos no tenéis empleo. Es mentira.

Otros datos y estudios, realizados por gente con doctorados, diplomas en la pared y mucho seso, dicen que sí, que tenéis trabajo estable, bien pagado, conforme a vuestros estudios y, además, lo habéis encontrado muy rápido, casi sin salir de casa. Por lo tanto, estáis muy equivocadas.

Con números y estadísticas nunca podremos convenceros de vuestro error, puesto que vosotras veis una realidad que no existe. Por lo tanto, cualquier intento de haceros razonar como nosotros, los que decimos y sabemos que el paro juvenil no existe, es perder el tiempo, porque operamos en niveles diferentes de realidad.

Pero no hay que desesperarse, estas situaciones están perfectamente documentadas en la literatura psiquiátrica y psicológica. En la mente de algunas personas se producen extrañas concentraciones de neurotransmisores que ocasionan que las señales eléctricas del cerebro no sean interpretadas correctamente por las neuronas y centros cerebrales, en concreto, esta manía obsesiva con el paro y el empleo viene, no porque exista en el mundo real, sino porque en la mente de la gente hay un desequilibrio de una sustancia llamada norepinefrina que los hace volverse maniáticos y obsesivos, estando, en nuestro caso, centrada la obsesión con el asunto laboral.

Queridas Lorena y Rebeca, ¿veis qué fácil es? Acabo de explicaros que no tenéis que preocuparos por el paro sin recurrir a ninguna estadística, encuesta y estudio -que cuestan mucho dinero a las arcas públicas- sólo con un argumento químico. ¿Veis qué fácil es todo? No hay que preocuparse, todo es un problema neuroquímico.

Porque, queridas Lorena y Rebeca, el problema está sólo dentro de vuestra cabeza y en la de todos aquéllos que se empeñan en hacer caso a la norepinefrina y a los demás transmisores mentirosos. Aquí no hay paro, no lo ha habido y jamás lo habrá; es más, no hay emigración juvenil: las encuestas dicen que aquí no hay jóvenes, así que, sin jóvenes, ¿cómo va a haber emigración? ¿Veis como estáis alucinadas?

Así que no os dejéis engañar por los malintencionados y los tendenciosos. Fumaos un cigarrín, salid a tomaros unos culinos de sidra con el novio -si no ha emigrado-, daos una vuelta por nuestros museos, paseos fluviales y sendas naturales y veréis cómo todo se olvida. Cómo todo vuelve a la normalidad.

¿Habéis hecho cursillos y estudiado? No os preocupéis, se os tendrá en cuenta; mientras tanto, siempre os recibirán en un sitio donde no piden carné alguno ni título: el paro. ¡Ah, no! Si ahí ya estáis. Es que se me está pasando el efecto del LSD -que también desequilibra los neurotransmisores, haciendo ver cosas raras- y ahora yo también caigo en las garras de la norepinefrina y, en el fondo, creo que tenéis razón y el alucinado era yo. Pero si necesitáis dinero urgente, meteos a concejales, que ahora tienen derecho a paro.