Donde lo dejó Pericles, de Manuel Martín Ferrand en ABC
EL Partenón está ahí, en el pasado y en el presente, porque lo soñó Pericles y, además, el pueblo de Atenas lo admitió y respaldó con su entusiasmo y su dinero. ¿Tiene algún sueño José Luis Rodríguez Zapatero? En el caso de tenerlo, lo que a estas alturas de su Gobierno ya resulta improbable, ¿conseguiría la adhesión nacional para su realización? Los optimistas, para no equivocarnos en mucho, podemos ir pensando que la legislatura en curso ya tiene poco que ordeñar y que, con la única emoción del trámite de las próximas elecciones locales y autonómicas, no le queda más contenido que el que se evidencia cada día que pasa: su propio desgaste. Mal asunto cuando ya relumbran los rayos de la próxima tormenta económica mundial y aquí, entregados a la vaciedad, ni tan siquiera tenemos chubasquero.
Dice el PP que el Gobierno del PSOE evidencia «incapacidad» ante las situaciones de crisis. Se queda corto. Este Gobierno es incapaz sea cual fuere la circunstancia; pero -y lo pregunto para nuestro pánico-, ¿cuáles son las propuestas alternativas que defiende el grupo monopolista de la oposición? Mientras la carcoma separatista continúa su incansable tarea desmembradora del Estado, que es lo suyo, el PP y el PSOE pierden la fuerza por la boca y los socialistas, además, juegan a posicionarse -cuestión de talante- junto a los grupos centrífugos por si, en una de esas, les sigue haciendo falta su apoyo para mantenerse en el machito.
Asegura Baura que el mal presente sólo se compensa con el bien futuro. Suponiendo que así sea, ¿la vaciedad del Gobierno de Zapatero será enmendada por la no probada eficacia de la alternativa que representa Mariano Rajoy? Cualquiera puede decir, por ejemplo, que la política migratoria en curso es de catastróficos resultados. ¿Fue mejor en tiempos aznaríes? ¿Hay alguna propuesta clara y alternativa que nos permita confiar en un hipotético relevo de poder? A los ciudadanos, con sólo algunas apasionadas excepciones, nos importa poco el color dominante de las causas de los males que los afligen. Lo que nos interesa, en un marco de libertad, es el bienestar presente y, más todavía, la proyección futura de ese bienestar.
Antes, entre las dos Grandes Guerras, los americanos desesperados se venían a Europa y, aun siendo una «generación perdida», ahí están sus frutos. Ahora, los europeos desesperanzados se van a los EE.UU. y allí se convierten en ciudadanos eficaces y se sacuden el polvo de la sobredosis burocrática del Continente; pero, ¿qué destino nos queda a los demás? Mientras vemos llegar africanos, más hambrientos de pan que de futuro, no nos conviene pensar en África como destino personal. Los grandes males han dejado de ser viajeros no por su transformación en sedentarios, sino por su radical universalización. Ya no tienen itinerarios posibles. Hay que volver a empezar, más o menos, donde lo dejó Pericles.
