Querido Rafa: Tú bien sabes que desde tiempos inmemoriales Cataluña se ha debatido entre el seny y la rauxa. Los catalanes de orden siempre se han mostrado más partidarios de lo primero que de lo segundo. El seny, según el personal que se inclina por los sanos hábitos que dicta el sentido común, es garantía de moderación y compostura cívica, mientras que la rauxa sería cosa propia de artistas, bohemios, excéntricos y todos los que se salen de los senderos trillados. También de los que intentan saltarse el cerco de la medianía: panda de somiatruites; delirantes que no tocan de peus a terra. La rauxa es lo que cuadra a la gente como Dalí o Santiago Rusiñol, muy bonito, claro, pero el ordenamiento ciudadano y la administración de la res pública al parecer requieren que se les apliquen los usos del seny. Así, la casi totalidad de los políticos (pero no todos) procuran demostrar que el seny les sale por las orejas, puesto que tal parece ser la máxima virtud de los habitantes de este país, aunque algunos malpensados opinen que esa postura es una mera excusa para no prestar dinero.Tópicos, claro.

Nuestro alcalde, Joan Clos i Matheu, contrariamente a Josep Lluís Carod-Rovira, tiene todo el aspecto de ser un dignísimo exponente del seny. Como buen hijo de payeses del Vallès, con una meritoria carrera profesional en Medicina, previa a su trayectoria política, siempre dio la impresión de saber moverse dentro de los parámetros establecidos por la buena sociedad socialdemócrata y no ser capaz de hacer sonar una nota más alta que la otra. Se ha ido soltando, por cierto; ya no es el mismo que, al decir de Manolo Vázquez Montalbán, «más parecía dar el pésame que pronunciar discursos sobre esto y aquello», pero aún así, Clos sigue aparentando ser un abanderado del seny más convencional.

Una máscara, Rafael. Tengo para mí que Joan Clos es un arrauxat oculto; un topo de las huestes de la rauxa en el territorio del seny, que utiliza sus conocimientos de anestesista para adormecer el sentido de alerta de los defensores del sentido común. No lo digo porque haya impulsado las obras faraónicas del Fòrum y la reurbanización del área del Besòs y Diagonal Mar, un proyecto urbanístico diez veces mayor que el motivado por los Juegos Olímpicos de 1992, ya que seguramente las innovaciones redundarán en beneficio de Barcelona. Yo, Vallbona, descubrí que Clos es un arrauxat el día que impulsó un edicto que postulaba, entre otras cosas, multar a los mendigos callejeros. ¿Es eso seny? ¿No te parece el colmo del más puro surrealismo? Dalí, Breton, Ionesco, Beckett y Kafka en acción. ¿Quieres decir que Joan Clos representa el seny?

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