LA SUSI CON LEONOR

La ciencia es buenísima, pero puede darte unos sustos morrocotudos.Que se lo pregunten al doctor Frankenstein. O al doctor Jeckyl.O a otro doctor cuyo nombre me callo.

Este prefacio, tan intrigante como la llamada por los matemáticos 'conjetura de Poincaré', viene a cuento del susto del verano en Marivent. Por cierto: me han contado que mi doña Esperanza Aguirre creía que la 'conjetura de Poincaré' era un plato inventado por Ferran Adrià. Pero volvamos al susto. Todo empezó con una pregunta que me hizo mi Doña Leonor:

-Doña Susi, ¿tú sabías que todos tenemos un doble en alguna parte del mundo?

-¿También Ana García Obregón?- le pregunté-. Imposible.

La heredera del heredero me rogó que no frivolizara. Me dijo que el asunto era serio, pero que, en el fondo, a ella le hacía la mar de ilusión. Como a las chinitas, Mia Funk y Mia Ramírez, dos hermanas gemelas adoptadas en China, cuando eran bebés, por dos familias norteamericanas distintas, y que ahora, con tres añitos, se han reencontrado gracias a Internet. Emocionante historia.

-Para historia emocionante, la que te voy a contar- me dijo mi Doña Leonor-. En el vestíbulo hay una niña igualita a mí, y dice que ha descubierto en Internet que ella es 'la otra Leonor'.

Corrí al vestíbulo, incrédula. Pero allí estaba, en efecto. Una niña exacta a mi Infanta. Norteamericana, pero exacta.

-Soy la otra- dijo la niña-. A ver cómo arreglamos esto.

Impactada, me planté en el despacho de mi Don Juan Carlos.

-Mi Rey- le dije-, ¡ahí está la otra!

-No cuela, doña Susi- me dijo-, yo me retiré de eso. Pero, «cría fama y échate a dormir».

-Que no, mi Rey, que es la otra Infanta Leonor. Es igualita a la nuestra. Dice que viene de Estados Unidos.

Mi Rey convocó con urgencia a toda la Familia, y todos corrieron al vestíbulo. Todos dijeron al unísono:

-¡Uy, es calcada a Leonor! ¿Y tú de dónde sales, chiquilla?

-Soy de Tucson, Arizona - dijo la chiquilla -. Y soy la otra.Lo demuestra la prueba del ADN que me han hecho.

Todos estaban boquiabiertos, pero mi Doña Sofía, más lista que el hambre, se dirigió a mis Príncipes de Asturias y les dijo:

-¡Modernos, que sois unos modernos! Ya os dije que eso de mandar las células madre de la niña a un banco de células de Tucson, Arizona, traería problemas. ¡A saber qué han hecho allí con las células! Aquí está el resultado.

-De todas maneras, ésta vino después- dijo mi Doña Letizia, también listísima-, así que no tiene derecho a nada.

Pobre otra. Se fue canturreando «soy la otra, y a nada tengo derecho, porque no tengo una pulsera, con mi nombre grabado en brillantes por fuera». Sonaba regular. Creo que más vale encargarle a Almodóvar que haga una película.

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