Gema Ruiz, a lo tonto, a lo tonto, se ha quitado la espina: ha pillado novio y programa de televisión / El fiscal Gordillo es de los que mantienen el bronceado en invierno / Una maldad dice que Manuel Prado y Colón de Carvajal es el español más veloz pelando langostinos
Hay gente que se pasa la mitad del año contando lo que piensa hacer en Marbella y la otra mitad, contando lo que ha hecho. Lo digo porque, el otro día, encontré a Carmen Lomana y le hice un feo. Se me pasó saludarla y tuvo que ser ella la que viniera a mi encuentro. Lomana es uno de los bellezones de la zona, pero ha adelgazado tanto que necesita pasar dos veces para corporeizarse. Seguro que en invierno vive a caldito de verduras. Muchos como Lomana se toman el invierno como antesala del verano. No comen para poder comer luego. Otros lo hacen justo al revés: primero comen, luego se lo quitan.
Si se lo propone, Lomana conseguirá acceder al estrellato de la milla de oro. Todo es cuestión de paciencia y de empeñarse un poco más. Este año ya ha llegado tarde. A punto de concluir agosto, salta al cuché el presente sentimental de Gema Ruiz Cuadrado, que le ha pisado las intenciones a Carmen Lomana. Gema no es Lomana ni 'madame' Curie, pero estuvo casada con el dóberman de la derecha nacional, un picha loca que la dejó tirada. Aquella desgracia aupó a la esposa del ex (la que le aguantaba la caña cuando iban a Asturias a cazar salmones: cría dobermanes para esto). Y es que la gente se enternece mucho con las adversidades ajenas. A Gema sólo le faltó un club de fans. Toda la solidaridad que no despierta Obregón se la llevó ella. Obregón es demasiado rica y demasiado joven, tiene una densidad de pretendientes superior a la de Magdalena de Suecia y está a punto de interpretar uno de los personajes para los que se siente mejor dotada: el de una condesa megapija. No interesa.
Gema, a lo tonto, a lo tonto, se ha quitado la espina. Finalmente, ha pillado programa de televisión y novio. Ahora es cuando pueden lloverle los palos. Su matrimonio con Alvarez Cascos no despertó envidias, pero esto tiene peor pinta. El de ahora es un novio con barco, sevillí, rociero, chuleta y de corazón abierto. Si el caballero (un decir) logra que Gema repudie los vestidos de cóctel y se quite los rulos de la cabeza, puede armar el taco. Gema vuelve a tocar el cielo con la punta de los dedos, pero debe andarse con cuidado: lo que necesita la fama es desamor.
Notas en mi moleskine: en los únicos lugares donde encuentro alguna cara conocida es en los restaurantes. Se deduce que el hambre no tiene fronteras. Los periodistas pertenecemos a una casta inferior y, durante una época, esperábamos las migajas a la puerta de los palacios. Pero la aristocracia está cada vez más tiesa y gasta menos en bogavante. Nosotros, en cambio, viajamos con la Guía Michelín, conocemos los secretos de la cocina deconstruida y, cuando damos propinas, parecemos promotores urbanísticos (yo menos: soy catalana). La acidez de estómago nos está pasando las primeras facturas. Estamos a cinco minutos de descubrir que comer es cosa de pobres.
He visto al fiscal Gordillo cenando en una mesa próxima a la mía. El fiscal es un hombre atractivo y bullicioso, de aspecto vitamínico, que luce bronceado continuo: mantiene el color del verano hasta bien entrado el invierno. Manolo Prado y Colón de Carvajal come marisco en las proximidades de Sotogrande. La buena vida del manco con la mano más larga de España no está sujeta a bronceado. Circula una maldad según la cual Manolo Prado es el español que pela langostinos a mayor velocidad. Me lo creo, pero no he podido comprobarlo. La otra tarde, el ilustre sevillano comía solamente ostras. Con fruición, eso sí. La gula es lo último que se pierde. Que me lo pregunten a mí.
Día sí y día también, recibo bombardeos de llamadas interesándose por las escuchas telefónicas de Pantoja. Cuestionan mi buena fe y me someten a preguntas propias de ingenieros de telecomunicaciones. Y hasta ahí no llego. En el ejercicio de mi profesión, me he hecho pasar por puta, ladrona y yonqui. Tambien por beata y madre coraje. Pero nunca por experta en telefonía. Yo sólo escucho lo que me brinda mi propio radar, ideal para pillar el hilo de las conversaciones de cafetería. No estoy doctorada en móviles, y el interés que en este momento me despierta Pantoja se ajusta al escándalo de la operación Malaya, cuya tercera fase espero con fervor. Ésa es mi única verdad. Cualquier cosa que añada podría ser interpretada como un gesto de prepotencia para defender mi secreto. Pero los secretos se guardan solos. No necesitan defenderse. Desconozco quiénes cazaron realmente la conversación de Pantoja con Muñoz, como desconozco si piensan utilizarla algún día para chantajear con ella. Estoy aquí para contar lo que veo, no para jugar a las adivinanzas. Además, agosto se acaba. Ya sólo me importa Chiquita Nevent du Mont.
© Mundinteractivos, S.A.

Escribe un comentario