He pasado media vida leyendo revistas contraculturales. Llega el verano, me apetece leer una revista, y me doy cuenta de que la gente como yo no formamos parte del público objetivo. Bajo los soportales, hay decenas de publicaciones en varias lenguas, con sus cubiertas en cuatricomía. Falta L´Echo des Savanes,que en los últimos años se había convertido en la alternativa. Nació en 1972 como una revista de cómics underground. Se editaba en blanco y negro, con un papel basto, titulares y dibujos de trazos grosolanos. En 1980 publicó un Special New York,que anticipaba una nueva sensibilidad, en el mismo momento en que los artistas y escritores de aquí sustituían París por Nueva York como centro de operaciones. En los noventa se convirtió en una revista con un look similar al de Primera Línea,pero mucho más divertida, con cómics (los chistes desagradables de Vuillemin, las historietas de Wolinski y Jodorovsky), reportajes absurdos (sobre maneras de ligar o sobre los restaurantes chic con un par de tipos que se hacían pasar por inspectores de la guía Michelin), secciones de consumo con productos marcianos (cervezas al cannabis, Pepsi Cola incolora) y un apartado de striptease para aficionados con fotos polaroid. Mientras que entre nosotros la prensa underground ha desaparecido, en países con mayor tradición cultural las revistas se han transformado, adaptando sus contenidos a los nuevos tiempos.

En el bar Carajillo encuentro otra alternativa: un ejemplar atrasado de Cosmopolitan.Una de las cosas fascinantes de las revistas mensuales es constatar cómo durante largos años van reciclando los mismos temas (Las ocho verdades sobre el amor,Las nuevas y ardientes sugerencias para tu chico,El programa para conseguir un cuerpo diez).La lectura provoca una sensación ambigua, de familiaridad y novedad, que recuerda la recomendación de Eugeni D´Ors a sus doctrinos: "El mejor reposo es el repaso". Me siento en una mesa y empiezo a hojear. Una de las cosas chocantes de Cosmopolitan es el tratamiento de la sexualidad femenina, que se aborda de manera desinhibida. Uno puede encontrar unas tablas de ejercicios gimnásticos para reforzar la zona abdominal, especialmente castigada durante el coito, o los músculos femorales muy solicitados durante la felación. En el número olvidado desde hace meses en el revistero del Carajillo me entero de las últimas novedades en sexo oral. "La nueva manera de hacerlo es de pie - leo con asombro-. El motivo: cuando él está erguido, su zona pélvica recibe mayor flujo sanguíneo, lo cual trae como consecuencia una erección más firme y, lógicamente, un orgasmo más intenso". Y a continuación: "Arrodíllate frente a él usando una almohada para no lastimarte las rodillas o siéntate en un taburete".

Esta mezcla de sexo explícito y remilgos de señorita victoriana es la auténtica novedad de las revistas que, como Cosmopolitan,han asimilado plenamente el discurso de la posmodernidad. Hace unos años la prensa contracultural publicaba parodias de revistas del corazón y consultorios sentimentales (recuerdo un número de Rock Comix:"Sólo para amas de casa"). Hoy en día son las propias revistas de divulgación científica, de moda, femeninas, las que incorporan la autoparodia. Su finalidad no es denunciar la corrupción del lenguaje que se oculta tras determinados géneros periodísticos, sino reactivarlos a través de un humor despojado de cualquier sentido crítico, el humor sin humor del que habla Gilles Lipovetsky en La era del vacío.