Ovidio Sánchez tiene por primera vez a Areces contra las cuerdas por sus propios errores: ¿sabrá aprovechar la oportunidad?, del Editorial en El Comentario
Ovidio Sánchez dejó hoy sus vacaciones para aterrizar en la realidad política asturiana, en medio del clamor generalizado en el gobierno, el partido, la oposición y en toda la sociedad asturiana por la última barrabasada presidencial, que probablemente sea la más brutal y descarnada de la vida política de Vicente Álvarez Areces, pues hace falta tener poco sentido de la medida -¡desde luego nunca lo tuvo!- y enorme osadía para trazar un plan como éste y llevarlo a cabo: "tú busca una imprenta de Madrid que no cante bajo ningún concepto, lo montáis en Avilés con la gente que tenemos allí de confianza, y lo preparáis siguiendo la estructura de La Nueva España, por comarcas; encargaros de todo, preparáis las entrevistas con la gente del partido en cada localidad, gestionaís la pasta necesaria con las empresas y que los distribuyan casa por casa; cuando empiece a distribuirse y haya algún imbécil que se atreva a protestar, decimos que nosotros no sabemos nada, nos abrochamos los cinturones, aguantamos un poco de puteo y a correr".
A correr sí, pero a correr escapados de la que se está liando, porque como siempre ocurre con los personajes ilimitados, se acostumbran a despreciar a los humildes ciudadanos, porque los ven habitualmente acogotados ante sus desmesuras, y creen que eso es para siempre. Pero nada es para siempre. A veces la gente despierta, y eso sucede cuando se dan las condiciones objetivas.
Vicente Álvarez Areces y su fiel y obediente sicario Jorge Fernández León, creen que tienen a todo el mundo pillado y controlado, como hicieron en buena medida en Gijón, y más de una vez sostuvimos que esa visión de las cosas acabará por ser algún día su tumba política.
Cierto es que en Gijón compraron a casi todo el mundo, a la prensa, la radio a la televisión, a las asociaciones, los partidos y los sindicatos, y aún así, Areces jamás logro revalidar los resultados de su destronado antecesor, al que se cargaron con una conspiración que dejó muchos arrepentidos, pues creían que la mayoría absoluta que obtenía José Manuel Palacio -¡descanse en paz ese hombre honrado y bueno!-, la lograba por presentarse a las elecciones tras las siglas del PSOE, y no era así. Palacio ganaba por mayoría absoluta porque la gente le quería, porque era buena persona, porque no era un "gangster", y porque se creía lo del socialismo, cosa que está muy bien cuando la gente se lo cree, pero que es horroroso cuando hablamos de un refugio para cleptómanos, porque entonces el discurso de izquierdas se convierte en una caricaturesca retórica para cínicos.
Asturias no es Gijón, como no es tampoco ni Oviedo ni las cuencas, ni Avilés ni las alas, sino un conjunto disjunto, plural y maravilloso, que configura eso que la historia ha denominado siempre "las Asturias". Las Asturias de la mariña poco tienen que ver con el interior; de Grandas de Salime a Cangas de Onís, a veces da la impresión de que atravesamos un país entero, pues aun cuando la distancia no sea muy grande, las diferencias son enormes, y al que tiene a la gente amarrada en Llanes, se le desata todo en Ribadesella. Por eso, el aterrizaje de Areces, en las instituciones capitalinas, fue tan traumático como fue, porque llegaba acostumbrado a hacer lo que le venía en gana, tras dejar IU de Gijón destrozada en manos de Jesús Iglesias, atrapada en los negocios sucios de Poniente, con José Antonio Hevia Braña metiendo a la coalición de izquierdas en la cloaca de Progea hasta las cachas.
Cuando Areces llegó al Principado, recibió la primera en la frente con la Ley de Cajas, al intentar quitarse de en medio a Manuel Menéndez en Cajastur y así poner a trabajar el dinero al ciento por ciento, con la otra caja, la caja tonta, la televisión pública, haciendo el resto, comiéndole el tarro a la gente con su sentido cutre del agit-prop, que es lo que le quedó de su etapa en el Partido Comunista. José Angel Fernández Villa aglutinó la oposición en un primer tiempo y Areces quedó noqueado una buena temporada, sin caja de ahorros y sin caja tonta televisiva. Hasta la segunda legislatura no logró remontar el vuelo, porque encima Villa le ganó el congreso del PSOE y puso a Javier Fernández al frente, en contra de su propio candidato, el "machaca" avilesino Álvaro Alvarez.
En cambio, en esta segunda legislatura, Areces había vuelto a crecerse. Con Manuel Menéndez acomodado en la Caja y Javier Fernández adormecido en el PSOE -todavía se acaba de autoexcluir como sustituto-, el infatigable corredor de fondo había logrado crearse ya un cinturón empresarial que le arropa, tras conseguir aventar toneladas de hormigón en El Musel y la Cadellada, con IU otra vez en la nómina ladrillera de la consejería de la Vivienda haciendo negocios con Manuel González, el "hombre de Móstoles" a través de Laura González y Manuel Gonzélez Orviz, y lo que es más importante, con Villa arrinconado con un plan del carbón hecho a la medida de Victorino Alonso, el amigo de José Luis Rodríguez Zapatero. Pero a Areces le falta lo principal para un mandatario, le falta "el amor de su pueblo" del que hablase el destronado Alfonso XIII, ese amor que no viene ni por el hormigón, ni por las televisiones, ni por la corrupción generalizada, sino por un carisma que, o se tiene o no se tiene, y Areces goza de un carácter ilimitado con el que intenta suplir su ausencia de carisma.
La operación "cometarros" de la RTPA va fatal. No tiene audiencia, no funciona, está fuera de todos los plazos, es carísima y no da nada a cambio de unos costes escalofriantes que están poniendo las cuentas asturianas patas arriba, y lo cierto es que si Ferraz apostó seriamente por la sustitución de Areces por Javier Fernández, es porque las encuestas dan unos resultados horrorosos, en cuanto a la estimación que los asturianos tienen hacia su presidente, a pesar de que sus socios de IU han hecho un papel lamentable y a la debilísima oposición de la derecha conservadora. Asturias era mucho más complicada de lo que parecía y con todo el viento a favor, una vez que se quitó de encima los problemas de la primera legislatura, Vicente Álvarez Areces llegaba agotado al final, con el riesgo cierto de perder unas elecciones ante Ovidio Sánchez, lo que para él sería el terrible final de una carrera política llena de victorias pírricas y sonoros fracasos.
Ahora Ovidio Sánchez tiene la oportunidad de su vida y lo sabe, por eso, acaba de hacer un esfuerzo sobrehumano para interrumpir sus vacaciones y hoy se atrevió a hacer política, a denunciar lo que hay que denunciar, a decir lo que hay que decir, a hablar de una comisión de investigación y de los tribunales de justicia, para ponerle el ronzal a este caballo desbocado que está enloquecido porque todos sus plazos fallaron, porque no va a tener la RTPA a punto para las elecciones, y por eso se atrevió a dar este paso que está siendo, al final, un estrepitoso fracaso que empaña su imagen más aún de lo que ya estaba. En semejante situación, y en una inesperada crisis abierta en pleno mes de agosto, Areces sólo tiene un carta y la va a jugar: el presidente va a intentar asustar, acogotar, arrugar a Ovidio Sánchez, porque IU no va a callar porque necesita sacar la cabeza. Ya la sacó Francisco Javier García Valledor, y Roberto Sánchez Ramos presiona desde Oviedo para que Jesús Iglesias no venga como siempre a hacer el trabajo sucio presidencial. ¿Aguantará el pulso Ovidio Sánchez o se arrugará?
Ahora ya vemos a los medios de comunicación centrados en lo que es el escándalo de la legislatura, Ovidio Sánchez jugando fuerte, y Areces intentado acojonarle: Ambos se juegan las próximas elecciones en esta mano.
