En lo tocante a la psicosis totémica anual, éste iba a ser el verano de las medusas mallorquinas, pero demostraremos más allá de toda duda razonable que han sido derrotadas por los equinodermos, también autóctonos.

Cuando te cuentan las operaciones ideadas por la fuerza pública, para salvaguardar el veraneo de mallorquines ilustres o adoptados, se entiende la fulgurante reconquista del islote Perejil y otras gestas militares de la historia reciente. En el caso del chalet de Pedro J. Ramírez en Son Servera, un alto mando de la Guardia Civil decidió colocar erizos –de mar, hasta este detalle se tomó en consideración– en los accesos costeros de la piscina, que son frecuentados por insidiosos que desean turbar el reposo del editor. De este modo, los independentistas sufrirían en sus carnes la condena punzante por su atrevimiento. Un impecable método disuasorio, digno de Julio César.

Una idea de tal magnitud no se le ocurriría jamás a un guardia de los escalones inferiores. Se necesita una notable experiencia, traducida en estrellas de muchas puntas, para concebir tamaña genialidad. Aunque el plan inicial no lo detallara, es indispensable que los erizos plantados sean españolistas para hacer más daño, lo cual obliga a sexar a los malditos bichos ¿Conoce Joan Mesquida, director de la Guardia Civil y favorecedor de ambos editores enfrentados –Pedro J. y Pedro Serra–, estas maniobras tácticas erizadas de dificultades?

Admitamos un punto revanchista en la descripción realizada, porque me gustaría que esta idea se me hubiera ocurrido a mí para una sátira. En Mallorca, la realidad siempre se anticipa a los fabulistas, meros aprendices de la pirotecnia cotidiana.

La siembra de erizos equivale a un campo minado, y no han escaseado los compañeros del mando de la Guardia Civil –tan guasones como envidiosos– que se han puesto en contacto con él, para saber si unas simples chanclas evitan el espinoso efecto o si, para sortear a los insidiosos animalejos, hay que calzar botas de alpinista.

De popularizarse el procedimiento, los erizos pueden utilizarse contra manifestantes alborotados o contra la invasión de las pistas del aeropuerto por trabajadores de Iberia. Con carácter previo, habrá que evacuar consultas para saber si esa siembra puede ser considerada un método de tortura, según la Convención de Ginebra.

En nuestra circunstancia más próxima, se debería ponderar la suelta masiva de erizos en los alrededores del palacio de Marivent –en la variante de equinodermos antiislamistas–. La comisión creada por el Congreso estadounidense tras el 11-S culpó a las policías norteamericanas de “fracaso de la imaginación”. Deben fichar de inmediato al ingenioso de los erizos. En cuanto a la espinosa piscina en sí misma, ya son mayoría quienes niegan la razón a ambas partes, lo cual nos reconcilia con el sano escepticismo mallorquín.