Antes del año 2000, muy pocos libaneses sabían de la existencia de las Granjas de Chebaa. Aquella primavera, el ejército israelí evacuó sus tropas de la franja fronteriza, cumpliendo la resolución 425 del Consejo de Seguridad, forzada por la tenaz resistencia de Hezbollah, pero no de este pequeño enclave. Chebaa es un pintoresco pueblo en el abrupto paisaje del sur, de diez mil habitantes, sobre todo suníes, en las estribaciones del monte Hermon, abundoso en aguas y próximo a las colinas sirias del Golán conquistadas por Israel. Si no hubiese sido porque aquí están las explotaciones agrícolas ocupadas en la guerra de los Seis Días de 1967 con Siria, nadie se hubiese acordado en Beirut de este remoto lugar.

La reivindicación por parte de Líbano, especialmente por Hezbollah, como parte de su territorio nacional las convirtieron en tema de información mundial. Después de la evacuación, la ONU corroboró la frontera entre ambos países con la reserva de las Granjas de Chebaa. Es un enclave de 200 kilómetros cuadrados, con las fuentes del río Jordán, reservas de agua, bien tan preciado en las resecas tierras de la zona. Su valor estratégico se refuerza con su gran interés político como moneda de cambio en los regateos regionales para una solución del conflicto de Oriente Medio. Las Granjas de Chebaa, anexionadas por Israel en 1981, han cobrado una dimensión internacional muy superior a su estricta importancia: constituyen solamente el2% del territorio bajo soberanía libanesa.

Israel no quiere entregarlo al Gobierno de Beirut porque afirma que lo conquistó a Siria. De hecho, a partir de 1955 los sirios establecieron allí un puesto de gendarmes para vigilar estas tierras fronterizas entre Líbano, Siria e Israel, paraíso de contrabandistas. En realidad este conflicto territorial es otro caso patente de la falta de delimitación en el mapa fronterizo de los estados de Oriente Medio, establecido tras la derrota del imperio otomano y el final de la dominación colonial.

Siria, pese a su ánimus ocupandis, reconoce que las Granjas son libanesas, y Líbano, pese a sus décadas de apatía, nunca ha renunciado a su soberanía. Esta pugna jurídica se agrava porque la ONU considera que las explotaciones agrícolas pertenecen a Siria, y EE. UU. abunda en su opinión. Los vecinos de Chebaa decían, el año pasado, que dormían tranquilos porque estaban seguros de la protección de los combatientes de Hezbollah, omnipresentes e invisibles, y no confiaban en los soldados del ejército libanés. Pero la suerte de las Granjas de Chebaa, principal razón de la guerra de Hezbollah, no se ventilará fácilmente.