La primera expedición china a Africa regresó con sus barcos cargados de marfil, oro e incluso jirafas. Las actuales arrasan con todas las materias primas.

En 1405, el famoso almirante chino Zheng He dirigió una impresionante flota de barcos de guerra y mercantes en la primera de siete expediciones navales por el mar del sur de la China, los estrechos de Málaga y el Océano Indico. Posteriores expediciones siguieron adelante hacia las playas orientales del África.

Luego de colmar de regalos a sus aliados, castigar a quienes se negaban a reconocer al emperador chino y negociar tratados de paz y de comercio, Zheng He regresó a casa con sus barcos cargados de marfil, oro e incluso animales tropicales, incluyendo unas cuantas jirafas. Con cientos de barcos y miles de hombres, estas flotas eran más grandes en tamaño y en poder que la Armada Invencible.

Si China hubiese decidido dirigirse más hacia Occidente, alrededor de Sudáfrica, habría "descubierto" Europa antes de que las embarcaciones exploradoras portuguesas "descubrieran" África y Asia o Cristóbal Colón "descubriera" América.

¡Cuán diferente hubiese sido la historia mundial! Pero China no habría de regresar a África de manera rotunda hasta apenas recientemente. Pues, poco después de estas aventuras, el régimen Ming prohibió la construcción y el uso de embarcaciones con mástil con capacidad de navegación marina. La memoria de estos viajes extraordinarios habría de olvidarse. Las aventuras de China en el otro lado de los mares habían terminado. ¿Pero, por qué?

Una razón que se nos da para tal decisión es la necesidad de concentrar a los hombres del imperio y los recursos materiales en la defensa de su larga frontera norte, seriamente amenazada por las fuerzas invasoras de Manchuria.

Pero muchos expertos en este período dicen que hubo otro motivo igualmente importante en las mentes de la élite del mandarín que aconsejaba a la corte imperial. Dicen que estas élites tradicionales estaban aterrorizadas ante la idea de perder el control de las provincias de la costa: las expediciones marítimas permitirían a los comerciantes y navegantes chinos escapar de las leyes y los impuestos del régimen y podrían también llevar a la importación de peligrosos hábitos extranjeros. Además, el "reino del medio" de China, el centro del mundo, era autosuficiente y no tenía necesidad de productos del exterior. Podrían llevarse sus jirafas, gracias.

Así, el imperio chino miró puertas adentro durante casi 600 años. Cuando cuatro siglos después de los viajes de Zheng He una importante delegación británica bajo Lord MacArtney llegó a la corte del emperador de la dinastía Ch'ing en 1792 buscando un tratado comercial y trayendo consigo muestras de la manufactura occidental, se dijo a los visitantes que se retiraran. Oriente era Oriente y Occidente, Occidente, y nunca deberían unirse.

Si despertaran Zheng He y el emperador Ch'ing de sus respectivas y ancestrales tumbas para conocer la actual estrategia económica de China hacia África —es decir, sus políticas de tratados, comercio e inversión— el primero se emocionaría y el segundo volvería a morir.

¿Qué ejemplos tenemos de estas recientes políticas? Considere, por ejemplo, el viaje alrededor del mundo del presidente de China Hu Jintao en abril: un viaje hecho no por un almirante o plenipotenciario sino por el mismo líder chino. Sus visitas a Boeing y Microsoft en la costa occidental de Estados Unidos fueron muy importantes, simbólica y comercialmente; estas son compañías con las que China hace grandes y crecientes negocios y por ello respeta mucho. La visita a la Casa Blanca fue por comparación sólo rutina, como si el presidente Hu y el presidente norteamericano George W. Bush estuviesen de acuerdo en que tenían poco que decirse mutuamente.

De mucha mayor importancia fue la siguiente parada de Hu, en África. Flanqueado por altos funcionarios y empresarios chinos, Hu rindió honores a los gobiernos de Marruecos, Nigeria y Kenia, firmando tratados comerciales y de amistad aquí y allá. Había sido precedido, a principio de año, por su ministro de Relaciones Exteriores, Li Zhaoxing, quien visitó otras cinco naciones africanas. Y a finales de junio, el premier de China, Wen Jiabao, realizó una visita relámpago a Egipto, Ghana, la República del Congo, Angola, Sudáfrica, Tanzania y Uganda. Son 15 países en menos de seis meses.

¿Qué es lo que pasa aquí? China metió la nariz en África en los años 1960 y 1970, pero fue para ayudar a los movimientos rebeldes y para incomodar por igual a los norteamericanos y a los soviéticos; una táctica de corto plazo que no produjo beneficios y pronto fue abandonada. Esta vez, dice David White (el editor en África del Financial Times y una de las pocas personas que prestan atención a estos temas), los motivos son muy diferentes y claros.

El masivo crecimiento industrial y comercial de China en el curso de las últimas tres décadas la ha convertido en el consumidor más voraz del mundo para materias primas, sean aceite o cobre, maderas preciosas u oro (pero nada de jirafas). Para satisfacer las necesidades de 1.300 millones de consumidores y, por supuesto, los requerimientos de su próspero comercio de exportación, China necesita importar mucho más, año tras año. Y África, todavía más que Rusia o Sudamérica, es el mayor depositario de materias primas en el mundo.

Establecer relaciones comerciales confiables con un lugar como el Congo no es tarea fácil, pero los chinos sienten que no tienen otra opción. Además, para asegurar contratos a largo plazo por los materiales deseados, están dispuestos a pagar los precios más altos, ya en efectivo o, preferiblemente, en la forma de créditos blandos para financiar enormes proyectos de infraestructura —presas, carreteras, redes de electricidad, refinerías de petróleo— que los mismos chinos insistirán en construir. En cinco o diez años más, cientos de barcos mercantiles chinos podrán estar entrando y saliendo de los puertos de África, al igual que han entrado y salido de Long Beach y Seattle en el último cuarto de siglo.

He escrito ya sobre los efectos de los enormes cambios que ocurren en la economía mundial actualmente, con toda clase de implicancias para Occidente a las que nuestros políticos no prestan atención. El giro de China hacia África es un buen ejemplo. ¿Será un importante jugador allá? Sí. Se trata, en embrión, de la formación de un nuevo eje de la política mundial.

Paul Kennedy. Historiador, Universidad de Yale.

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