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22 Agosto 2006

Menos oro y más caro, de Manuel Estapé Tous en La Vanguardia

El metal históricamente más preciado (que no más precioso), ostentado y atesorado ha sido y sigue siendo el oro, el hijo de Zeus, máximo exponente de poder y riqueza. Sin embargo, este año podría haber tocado techo en su imparable escalada. En el segundo trimestre del 2006, la demanda mundial en volumen ha bajado un 16%, hasta 801,6 toneladas - frente a las excepcionales 959,8 toneladas del mismo periodo del 2005-. Todo ello refleja el efecto disuasor de las elevadas cotizaciones, que alcanzaron los 730 dólares la onza el 12 de mayo, en plena burbuja de las materias primas, cuyo posterior pinchazo ha reducido en un 18% su precio. Con todo, la onza cuesta hoy un 25% más que un año atrás y en el segundo trimestre se mantuvo un 47% más cara que en el mismo periodo del 2005.

Esta muestra de que el oro es un bien sujeto a las leyes de la oferta y la demanda (en su ortodoxia neoliberal, cuando suben los precios baja la demanda y cuando disminuyen aumentan los compradores) no supone que lo que en inglés denominan sentimiento del mercado no siga siendo muy favorable al oro. En su informe trimestral publicado el 16 de agosto, el World Gold Council (WGC, consejo mundial del oro), organismo encargado de informar sobre el metal y expandir su uso, destacaba que "el creciente precio del oro lleva a niveles récord las ventas en el segundo trimestre". En efecto, en dólares, la demanda creció un 23%, hasta 16.177 millones de dólares.

El consejo recuerda también que "a pesar de su volatilidad" el primer semestre cierra con una facturación récord. Y aunque las ventas en toneladas hayan bajado por tercer trimestre consecutivo, las previsiones del WGC (www. gold. org) para el resto del año recuerdan que "el clima político y económico sigue siendo favorable a la inversión en oro, los fundamentos del mercado se consideran fuertes y los beneficios de la diversificación en oro están siendo crecientemente reconocidos". Las perspectivas para la joyería dependerán en gran medida de la volatilidad futura del precio. "Un periodo de estabilidad de precios debería provocar una recuperación en el volumen de la demanda y un crecimiento adicional en valor. Los consumidores volverán al mercado cuando perciban que el periodo de volatilidad excepcional ha concluido".

Las ventas destinadas a la joyería (el 70%) también han sumado un récord: 11.400 millones de dólares, con un crecimiento del 12%, lo que supone un máximo a pesar de que el volumen de las ventas bajó debido a los elevados precios. Ante su creciente volatilidad, los compradores en los importantes mercados de Asia, en la India especialmente, y en Oriente Medio redujeron en un 24% sus compras en volumen, hasta 562,5 toneladas. A corto y medio plazo, cabe prever una demanda creciente de oro para joyerías y las crecientes y emergentes clases medias de los antiguos países en desarrollo. Una demanda que cambiará su composición, integrando a cada vez más mujeres cada día más autónomas financieramente para comprar y/ o regalar oro. Según el WGC, el grupo de mujeres con posibilidad de constituir un segmento en cuatro mercados clave como China, India, Arabia Saudí y Estados Unidos suma ya más de 150 millones, frente a menos de cien en el 2002.

Por su parte, los flujos de capital para comprar oro como inversión crecieron un 19%, hasta 130 toneladas. El oro como valor refugio en tiempos de incertidumbres geopolíticas y de riesgos inflacionistas. El último segmento de la demanda lo compone la industria (incluyendo a los temidos dentistas, casi 15 toneladas sobre 110). No en vano, "nada es mejor que el oro" para garantizar una fiabilidad absoluta, tanto en el espacio como en nuestras casas. Las virtudes del dulce del sol - para los incas- son notables en multitud de objetos modernos: su maleabilidad, ductilidad, resistencia a la corrosión y capacidad sin par entre los minerales como conductor eléctrico y térmico. De las lavadoras a las calculadoras de bolsillo, pasando por los teléfonos, ordenadores personales, misiles, semiconductores, aviones... Muchos bienes electrónicos necesitan oro y este subsector industrial consume 300 toneladas al año. La demanda para usos industriales ha fluctuado relativamente poco: es una materia prima para numerosos productos industriales, insustituible y, por eso, poco sensible a la evolución de los precios (como viene ocurriendo desde hace tres años con su primo hermano líquido, el oro negro).

Por países, India es de lejos el primer consumidor mundial de oro, pero como el 71% se destina a joyería sus compras bajaron un 38% en el segundo trimestre, hasta 174,1 toneladas. También en el aparentemente fijo e inmutable mundo del oro, el despegue chino permite al país más poblado del mundo superar a la primera potencia económica mundial y convertirse en el segundo mercado mundial. En China, la demanda sólo bajó un 2%, hasta 54,5 toneladas destinadas a joyería, por 54,2 toneladas en EE. UU.

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