Los jóvenes musulmanes europeos se sienten cada vez menos ciudadanos de los países en donde nacieron y más vinculados a sus ancestros. Las sociedades receptoras han fallado en otorgar sentido de pertenencia.
Para cualquiera que haya confiado —como yo— en que la forma británica de integrar a los ciudadanos musulmanes es más prometedora que la francesa, el último año ha sido desalentador. Tras la conmoción de los atentados del 7 de julio en Londres, cometidos por unos jóvenes musulmanes nacidos y educados allí, tenemos ahora los resultados de dos recientes sondeos de opinión, un excelente documental de televisión y las sombrías advertencias del policía musulmán de más rango en Gran Bretaña. Todos transmiten el mismo mensaje. No sólo muchos jóvenes musulmanes se sienten más distanciados que sus padres respecto al país en el que viven —cosa que ocurre con los musulmanes pertenecientes a familias de inmigrantes en toda Europa—, sino que el sentido de no pertenencia parece más agudizado en Gran Bretaña que en Francia.
En una encuesta realizada para el documental televisivo de Channel 4, sólo la mitad de los musulmanes británicos entrevistados decía considerar a Gran Bretaña como "mi país", mientras que casi la cuarta parte lo consideraba "su país", es decir, el de otros.
Cuanto más jóvenes, más distanciados. Asombrosamente, uno de cada tres musulmanes británicos de entre 18 y 24 años decía que preferiría vivir sujeto a la ley de la sharia que a las leyes británicas.
En un sondeo Pew realizado entre musulmanes de todo el mundo, un aplastante 81% de musulmanes británicos se consideraban primero musulmanes y sólo después ciudadanos de su país. Es una proporción más alta que en Jordania, Egipto o Turquía, y sólo superada por Pakistán (87%). En cambio, sólo el 46% de los musulmanes franceses se sentían primero musulmanes, mientras que el 42% se decían primero y ante todo ciudadanos.
¿A qué se debe esto? Puede tener algo que ver con las distintas regiones de las que proceden los musulmanes franceses y los británicos. Me parece indicativo que el único país que superaba a Gran Bretaña fuera Pakistán. ¿Y de dónde procede la mayoría de los musulmanes británicos? Casi la mitad de ellos tiene sus raíces en Pakistán, y otros 250.000 en India y Bangladesh. Muchos de ellos vienen de una misma región, Cachemira. ¿Hay algo en la religiosidad específica del islam cachemir, paquistaní y, más en general, del sur de Asia, y en su manera de desarrollar una relación con la cultura europea, que lo diferencia del islam del Magreb, de donde proceden casi todos los musulmanes franceses?
Siempre he pensado que el carácter poco exigente y definido de la identidad británica, su capacidad de albergar todo bajo su capa, eran ventajas a la hora de hacer que los inmigrantes y sus descendientes se sintieran en Gran Bretaña a gusto. Al fin y al cabo, ¿qué exigencias ha habido tradicionalmente para ser británicos? La facultad de hablar sin fin sobre el tiempo. Estar dispuestos a no meterse con nadie, a vivir y dejar vivir. Una inclinación general a obedecer las leyes, más o menos. Tal vez un vago interés por la familia real, el fútbol o el críquet. Y ya está. La misma idea de definirnos como "ciudadanos" nos ha parecido siempre algo pretenciosa y ajena, sobre todo francesa; y, por consiguiente, mala.
Pero es posible que, después de todo, una identidad nacional y cívica más exigente, como la de la República Francesa, tenga sus ventajas, porque ofrece un sentimiento más sólido de pertenencia.
Otra razón posible es que Gran Bretaña posee una de las sociedades más liberales de Europa. En especial entre los jóvenes de las áreas urbanas, que es donde vive la mayoría de los musulmanes, bebemos más alcohol más rápidamente, somos más promiscuos, vivimos menos en familias estables y somos menos observantes de alguna religión que casi en cualquier otro lugar del mundo. Por lo que dicen los jóvenes musulmanes británicos, está claro que reaccionan, en parte, a este modo de vida laico, hedonista y anómico.
Si las mujeres están reducidas a objetos sexuales, dicen las jóvenes musulmanas, prefiero taparme. Es casi como una especie de feminismo conservador. Desde luego, es una crítica socialmente conservadora de ciertos aspectos de la sociedad británica especialmente visibles en su generación, en las ciudades y los barrios en los que viven.
Sean cuales sean las causas de este distanciamiento, debemos dejar de ver a los musulmanes británicos exclusivamente a través del prisma de los dos paradigmas que predominan: el del terrorismo y el del atraso.
Timothy Garton Ash. Historiador, Universidad de Oxford.
Copyright Clarín y Timothy Garton Ash, 2006.

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