En las últimas semanas este periódico viene informando puntualmente en torno a lo que fue el nacimiento del «Asturias, Patria Querida». Lo que hasta el momento hemos venido sabiendo encajaría con lo más genuino de un tiempo y de un país. Primeras décadas del siglo XX. La emigración asturiana a Cuba tenía una importancia extraordinaria. Allí, con el empuje de la nostalgia, se gestó una música y una letra que son tan omnipresentes en nosotros. Un hijo que, conocedor de la «señardá» de su padre, le ofrece un regalo tal que pone voz y ritmo a su melancolía. De Grao (no escribo la «d» intervocálica en topónimos asturianos) a Cuba. Hermosa, sugestiva y verosímil historia.
A esto hay que añadir la importante aportación de Antonio Fernández Insuela que también publica este periódico. Resulta que, antes de la datación del etnógrafo De la Puente, la letra del «Asturias, Patria Querida» aparece en una novela escrita por Españolito, periodista y polígrafo, al que todo interesado en la historia de Asturias debe transitar. La novela en cuestión tiene por título «El hijo de trapo». Españolito, Constantino Suárez, cuyo primer libro, publicado en 1915, tiene un título inequívoco para el afán que aquí nos trae: «¡Emigrantes!», novela que, al decir del propio autor, es una «exposición en forma novelesca acerca de los dolores de la emigración española en América». Dolores, nostalgias, circunstancias que obligaban a adolescentes y jóvenes de la Asturias de entonces a abandonar su casa y su país huyendo de la miseria. Miseria, sí, pero, al mismo tiempo, se formaba un vínculo afectivo con el terruño que no desaparecía jamás. Por algo, Pérez de Ayala, a propósito de la relación del asturiano con el entorno que lo vio nacer, escribió: «El labriego asturiano es panteísta, íntimamente religioso para con la madre tierra, es su esclavo, no con la servidumbre necesaria del siervo de la gleba, sino con el renunciamiento humano del amante a su querida. Ha escuchado las voces misteriosas que brotan del campo; ha sentido el cansancio de la vida cotidiana y ha saciado la gran pesadumbre de su alma en esos cantos tan dulces, tan vagarosos, tan irónicos como los de Heine».
En todo caso, la autoría del «Asturias, Patria Querida» parece estar muy relacionada con la emigración asturiana a la isla caribeña. Asturias fue sentida, sobre todo, por la emigración. Volvamos a Pérez de Ayala: «Entre los asturianos en la tierrina y los asturianos en la emigración, tened por cierto que corresponde la supremacía en asturianidad, por decirlo así, a los asturianos en la emigración»
Nostalgias varias. Españolito, nacido en 1890, a los 16 años emigró a Cuba y residió en la isla caribeña hasta 1921. Hablamos no sólo del autor que publicó una magna obra como es el Diccionario de Escritores y Artistas Asturianos, sino también de alguien que en su vida y obra llevó la vivencia común a tantos asturianos de su época como fue la emigración.
No se sabe con certeza, según las pesquisas del doctor Fernández Insuela, si Españolito conoció el himno de nuestra tierra en su etapa cubana o ya en Asturias, tras regresar. Pero lo más verosímil parece indicar que lo que aquí nos trae se alumbró en Cuba.
Obviamente, no estamos hablando al referirnos al «Asturias, Patria Querida» de una obra maestra; de lo que aquí se trata es de una creación popular que ponía letra y música a un lamento nostálgico de todo un pueblo.
Por lo demás, gracias a la aportación del profesor titular de la Universidad de Oviedo, comprobamos que hay en la novela de Españolito, también, una cuestión de «epidermis»: el texto del himno del Principado aparece al final de la primera parte de la novela de Españolito, cuando el personaje solicita a una pianista que interprete un poco de música asturiana y le sugiere comenzar con el «Asturias, Patria Querida».
Cuestión de epidermis - insistimos- y -quién lo diría- hasta es posible ver en esta novela -mutatis mutandis- un anticipo escénico de una de las escenas más famosas de todo un clásico del cine.
¡Miren por dónde!

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