Los jóvenes acuden a las urnas en menor medida que los adultos de más edad. Numerosos sondeos e incluso sesudos estudios postelectorales confirman este comportamiento diferenciado. Sin embargo, la menor disposición a participar en los comicios no es el único rasgo distintivo de la conducta electoral de las nuevas generaciones. Por ejemplo, en el caso de los jóvenes catalanes las diferencias se extienden también a la intención de voto para las próximas elecciones autonómicas anunciadas para el 1 de noviembre.

Este hecho diferencial no afecta, sin embargo, en igual medida a todas las formaciones políticas. Es decir, mientras algunos partidos reflejan un cierto distanciamiento respecto a los sectores más jóvenes del electorado, otros evidencian una proximidad mucho mayor. Claro que esas distorsiones se extienden a todas las franjas de edad y ejercen un cierto efecto compensatorio. De ese modo, lo que algunos partidos pierden entre los más jóvenes, lo recuperan con creces entre los adultos de más edad.

En cualquier caso, el partido que disfruta de una mayor sobrerrepresentación entre los jóvenes es, sin lugar a dudas, Esquerra Republicana de Catalunya. Los diversos sondeos publicados últimamente lo reflejan con extremada claridad. Por ejemplo, la encuesta de Noxa para La Vanguardia realizada en julio pasado registra una intención de voto directa a ERC del 10,96% de los encuestados. En cambio, entre los jóvenes de 18 a 20 años, esa expectativa electoral casi se duplica y se eleva al 18,18%. Y entre quienes cuentan entre 25 y 34 años, ese porcentaje se sitúa en el 15%.

Por el contrario, CiU evidencia un cierto desfase en su implantación entre los segmentos más jóvenes del electorado. Así, mientras la intención de voto total de la federación nacionalista se eleva al 22,42% de los encuestados, entre los jóvenes desciende al 12,5%. Esas cifras parecen reflejar una cierta inversión de posiciones en el espacio nacionalista que se disputan CiU y ERC. Es decir, mientras Esquerra polariza el voto joven, CiU penetra mejor en los grupos de mayor edad. De hecho, ERC registra una intención de voto cuatro puntos por debajo de su media en la franja comprendida entre los 50 y los 64 años. Simultáneamente. la intención de voto a Convergència i Unió en ese mismo segmento se sitúa tres puntos por encima de la media. Y aunque en magnitudes distintas, los últimos sondeos del Centre d´Estudis d´Opinió de la Generalitat reflejan comportamientos similares.

Entre el resto de partidos, los desfases son de menor intensidad, aunque significativos. Por ejemplo, en el caso del PSC, la intención de voto desciende dos puntos - con respecto a la media- entre los jóvenes de 18 a 24 años y baja siete entre los de 25 a 34 años. Claro que los socialistas mejoran en hasta cinco puntos su cuota electoral media entre los adultos mayores de 50 años. En cambio, ICV refleja una cierta sobrerrepresentación entre los más jóvenes, que parece reproducir en el terreno de la izquierda el mismo fenómeno que se registra en el ámbito nacionalista en beneficio de Esquerra. Finalmente, el PP registra una intención de voto entre los jóvenes ligeramente por encima de la media.

Frecuentemente, el colectivo joven suele ser la avanzadilla del cambio: es decir, su conducta supone un adelanto de las tendencias que acabarán imponiéndose en el futuro. Y así se apreció en las etapas previas al respectivo desalojo del poder del PSOE, en 1996, y del PP, en el 2004. Sin embargo, los jóvenes responden también a un tercer rasgo - mezcla de tópico y de realidad- que explica sus distintas preferencias en materia de intención de voto: su ubicación - transitoria- en posiciones políticas más radicales que el resto de la población.