El francés Philippe Delerm, pensando que cualquier día el planeta se va a ir al garete con tanto loco como anda suelto, con despacho oficial o con dinamita en el pecho, en lugar de teorizar sobre la felicidad, escribió un libro sobre las pequeñas felicidades, como por ejemplo el primer trago de cerveza. En esta época de vacaciones, uno de los instantes que me resultan más placenteros es cuando desayuno con los croissants recién horneados y un aromático café en una terraza con vistas al Cadí, mientras repaso la prensa. Así, en este estado de catarsis me encontraba, cuando, hojeando este diario, me encontré con el siguiente titular: "La felicidad se llama Vanuatu". ¿Vanuatu? ¿Era acaso una modelo de largas piernas, una actriz silueteada de Hollywood, el nombre de la niña mala de Vargas Llosa, el nombre del santo grial en arameo? Reconozco mi ignorancia, así que leí el artículo, basado en un estudio de la New Economics Foundation (NEW), un think tank británico, que es uno de estos momios con financiación millonaria que nos dicen qué ocurrirá en el mundo y luego, cuando no ocurre lo previsto, nos explican con todo lujo de detalles qué hemos hecho mal para que no sucediera.
Pues bien, Vanuatu es una república que corresponde a un archipiélago polinesio. Hasta aquí, no hacía falta gastarse ni un euro en estudios. Desde Paul Gauguin hasta Robert Louis Stevenson nos ilustraron que la Polinesia era lo más parecido a un paraíso para montarse el fin de fiesta a toda una vida. Decía la crónica que los sabios socialdemócratas de la NEW han llegado a la conclusión de que los vanuatuenses son los más felices de la Tierra basándose en criterios como el índice de esperanza de vida, de satisfacción personal o de riqueza ecológica. El Happy planet index, que así llaman a su hit parade estos expertos en felicidades ajenas, señala que Colombia es el segundo país más feliz y Cuba, el sexto, por citar dos ejemplos. Como el índice no utiliza como variables la seguridad personal o las libertades y sí, en cambio, el crecimiento de los ficus o la supervivencia del somormujo, la lista es la que es. Y España anda por el puesto 87 y Estados Unidos en el 150; en realidad, están peor clasificados que los países de donde procede su inmigración.
En cualquier caso, he entrado en la web del National Tourisme Office of Vanuatu y he descubierto que el archipiélago es independiente desde 1980, que lo constituyen 89 islas, que la esperanza de vida está en los 67 y 69 años, y que sus 200.000 habitantes se ganan la vida trabajando de sol a sol en la agricultura y la pesca. Su mayor riqueza son las 113 lenguas que se hablan, así como sus interminables dialectos, aunque el francés y el inglés son oficiales. Eso sí, tienen volcanes y barreras de coral. Así que uno acaba por pensar que son más felices porque pueden decirlo en más idiomas. Por cierto, nadie del think tank inglés les ha preguntado si se sienten felices, no sea que les regalen el huerto y les pidan la nacionalidad británica.

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