Los astrónomos, que son científicos muy serios, les van a amargar la vida a los astrólogos, que son poetas muy antiguos. Si al final prospera la idea de ampliar el número de planetas del sistema solar a doce, no sabemos qué pasará con esa disciplina tradicional que trata de relacionar el espacio exterior con nuestro carácter, nuestra suerte y nuestras relaciones. Ya el paso de ocho a nueve, en el siglo XX, con la incorporación de Plutón, fue polémico porque alteraba un sistema muy trillado de rutinas y claves que los astrólogos se conocían al dedillo. Si ahora aparecen como planetas oficiales Xena, Caronte y Ceres, los profesionales de interpretar el destino mediante los cuerpos celestes van a tener que reciclarse y adaptarse a toda prisa.
Nadie dice creer en los horóscopos, realizados a partir de cálculos sobre los planetas, pero son muchos los que los leen cada mañana en el periódico y los contrastan con los hechos. Siempre ha querido el hombre poder adelantarse a los acontecimientos y esto no ha cambiado mucho desde la Babilonia remota. Hoy son grandes financieros, empresarios, artistas y políticos quienes (en privado, y sin admitirlo nunca públicamente) consultan a los astrólogos de más reputación para ayudarse en la toma de decisiones de todo tipo, incluso de aquellas que pueden afectar la vida de millones de personas y representar enormes cifras de dinero. ¿Qué pasará con estos consultores astrales el día en que el sistema solar sea cosa de doce en lugar de cosa de nueve? ¿Tendrán validez los pronósticos realizados hasta ahora? ¿Habrá forma de salvar los trastos?
Un amigo que, a pesar de repudiar el pensamiento mágico, presume de tener un ascendente interesante sobre su signo zodiacal, anda muy descolocado. ¿Deberá solicitar una repetición de su carta astral en caso de que los nuevos planetas sean aceptados? ¿Verá modificados sus atributos caracterológicos de golpe? ¿Sufrirá una crisis de identidad? Mi amigo, que no emprende viaje o relación afectiva sin consultar antes el horóscopo, asegura que todo esto es una tontería pero está inquieto. Tanto, que no deja de darle vueltas a algo que, según ha oído, dijo uno de los sabios encargados de la definición de planeta: "Tuvimos en julio fuertes discusiones sobre los aspectos científicos, culturales e históricos y a la mañana siguiente varios de los miembros del comité admitieron que no habían dormido bien". ¿Acaso tenían mala conciencia por esta mala pasada?
El negocio de los astros no lleva nada bien los aires de renovación. Además, la crisis del astrólogo no podría llegar en peor momento: en año electoral y con la rentrée de septiembre muy cerca.

Escribe un comentario