Montilla, en la oposición, de Ramón Marcos, Pedro Gómez Carrizo y Joaquim Molins en El Mundo de Cataluña
LOS AUTORES, MIEMBROS DE LA CORRIENTE DEL PSC SOCIALISTAS EN POSITIVO, DIBUJAN UN ESCENARIO EN QUE EL CANDIDATO A LA GENERALITAT JOSÉ MONTILLA NO LOGRA LA PRESIDENCIA Y TRAZAN LAS CLAVES DE LA ESTRATEGIA PARA SACAR PROVECHO DEL RESULTADO
Nada nuevo. 26 años y ocho meses después de que Pujol accediese a la presidencia de la Generalitat, su heredero oficial lo sucede.Éste es, sin duda, un escenario poselectoral verosímil. Tan verosímil como el escenario al que dedicamos el primer artículo de esta serie («Montilla, presidente», El MUNDO, 13 de agosto de 2006).Imaginemos una victoria amplia, que impida cualquier posibilidad.de construir una alternativa en torno al PSC. En ese supuesto, la abstención ha sido notable y el voto nacionalista es el que se ha sentido mayoritariamente concernido a participar en las elecciones. No sólo existe una mayoría en escaños, sino una importante distancia en los votos. Bien mirado, si CiU recupera parte del voto nacionalista, de regreso de ERC, y acrecienta el voto moderado, haciendo gala de centralidad y apoyando al PSOE en las Cortes, su victoria no sería sorprendente.
¿Consecuencias en el electorado? Cabe suponer que, entre los votantes nacionalistas de centro-derecha, este retorno sería saludado con un respiro de alivio: vuelta al orden. Porque a fin de cuentas será fundamentalmente eso, el orden, junto a cierta tendencia a evitar el ridículo, lo que la Cataluña profunda habrá echado en falta durante la última legislatura. De lo demás habrán estado bien servidos, pues en tradicionalismo y folklore el tripartito ha aprobado con nota. Si entremedias de Pujol y Mas, para estos votantes, el noucentisme de Maragall quedará como un mal sueño, será por su exceso de rauxa y su falta de seny, no por otra cosa.Bien lo decía Francesc de Carreras: «El maragallismo es lo mismo que el pujolismo pero sin sentido común». La etapa que en noviembre dejaremos atrás no habrá cuestionado ninguno de los dogmas del nacionalismo. Como alternativa al viejo ideario de Pujol, el tripartito no habrá alcanzado siquiera la categoría de paréntesis.Sin solución de continuidad, Mas podrá aplicarse en afianzar el proyecto de país que dibujó su mentor a principios de los ochenta, y para el electorado de esta formación conservadora, la diferencia con el pasado inmediato la marcarán, únicamente, las formas.
Entre los votantes que ansiaban un cambio, los sentimientos ante ese retorno a lo de siempre tendrán un denominador común: la frustración del deseo. Pero un deseo frustrado no desaparece, permanece latente y, en según qué situaciones, se acrecienta.Dicho con otras palabras: la constatación de que el gobierno tripartito no ha cambiado nada no invalida la necesidad de cambio.Y seguirá siendo cierto que el paradigma propuesto por Pujol ha dado muestras más que sobradas de agotamiento, y seguirá siendo cierto que hay muchos en Cataluña que apostarían por un modelo de sociedad cosmopolita y progresista, sin el olor a naftalina con que la ha impregnado el catalanismo provinciano de CiU.
Como oportunidad, la necesidad de cambio mantendrá intacta toda su fuerza movilizadora. Esta reflexión debería orientar la estrategia de Montilla como líder de la oposición. Adelantamos en el anterior artículo que la clave del éxito para Montilla sería lograr trasmitir que el partido ha cambiado. Sin embargo, dos meses es un tiempo muy corto para un objetivo de comunicación tan ambicioso. Podría suceder que su candidatura no lograse vencer en los próximos comicios. En tal caso, el mal resultado habría que anotarlo en la cuenta de quienes dejaron la herencia, con una estrategia que pretendía vencer a CiU en el terreno de juego deliberadamente achicado del rival político.
Desde 1980 la política catalana ha girado en torno a CiU. Es su capacidad para aglutinar el voto nacionalista con el voto moderado lo que en cada elección ha hecho variar la composición del Parlamento. Frente a esta centralidad política, el PSC se ha mantenido como un partido lineal con poca capacidad de seducción, que mantiene un voto fiel, pero que no ha jugado a crear una propuesta alternativa propia. Sólo en el año 1999, con la campaña menos nacionalista en la historia del socialismo catalán, se produjo un punto de inflexión a favor del PSC. En 2003, sin embargo, con un discurso netamente nacionalista, el PSC dividió el voto convergente pero sin hacer mella en la centralidad ideológica de CiU, y sin mejorar resultados. El PSC se mostró incapaz de articular un discurso que conectara con una mayoría social alternativa.
En la oposición, Montilla acertaría si optara por afirmarse en una estrategia no integrista, que ventilase el oasis y vinculara la política catalana con la realidad y el presente. No faltarán quienes traten de recuperar el viejo discurso del PSC. Si lo consiguieran, lo máximo a lo que podría aspirar el socialismo catalán sería a seguir cómodamente instalado en la irrelevancia, una vez más, mera táctica.
Ramón Marcos, Pedro Gómez Carrizo y Joaquim Molins son miembros de la corriente del PSC Socialistas en Positivo
© Mundinteractivos, S.A.

Las Tiras Cómicas de Janario dijo
Hola,
Quisiera invitarte a visitar una viñeta sobre la educación en Cataluña que acabo de publicar en mi blog.
Pedagogía y Educación en Cataluña
Muchas gracias y cordiales saludos.
26 Agosto 2006 | 12:15 AM