En pocos días, tras el cese de hostilidades, el mundo occidental ha pasado de una sensación de alivio a otra de seria preocupación. Las armas han callado, pero no ha vuelto la esperanza, afirma un editorialista de Le Figaro.Y las portadas de los semanarios europeos de gran tiraje hablan de nuevas amenazas terroristas y declaran al líder chií vencedor de la guerra del Líbano.

La ONU ha recomendado el desarme de las milicias radicales, pero ni el ejército regular libanés ni nadie se atreve a efectuarlo. Francia, que ostentaba relaciones privilegiadas con Beirut, frena sus verbales compromisos y pide previas garantías. Pero ¿qué garantías y quién puede ofrecerlas? Tomás Alcoverro, sin duda el más fiable, además del más veterano de los corresponsales europeos anclados en Beirut, previene de los riesgos que comporta el proyectado cuerpo tampón militar multinacional, para el que ya sugieren en la ONU mayoría de soldados de países musulmanes.

En la acera opuesta, Irán y Siria radicalizan sus posiciones. En los medios afines a la Comisión de Bruselas, se dice que Javier Solana ha vivido uno de los momentos más sombríos de sus siete años en el puesto. La actividad diplomática del brillante estadista español ha sido incesante. Dadas las circunstancias en la zona y la imagen de Estados Unidos ensombrecida por sus dificultades en Iraq, Solana tenía que aprovechar la mayor capacidad de maniobra que, en teoría, le restaba a la UE y hacer uso de sus propios recursos en la más ardua misión internacional de esta hora.

Ayudó a Solana no haber quemado ningún ligamen personal de los trabados en tres lustros de acción exterior con los grandes de este mundo. En buena medida, su movilidad y esfuerzos fueron decisivos. Sin embargo, él subraya que nadie puede salir cantando victoria. La situación es precaria, aunque sobresalga la personalidad del ex ministro español, servido como siempre por su eficaz colaboradora, Cristina Gallach, de reconocido prestigio en el relacionismo mediático.

Un avisado experto, conocedor de Irán, país que promueve a Hezbollah, recuerda que el drama de Irán es que allí no existen "fuerzas políticas democratizantes, potentes y bien organizadas". Destacan, en cambio, unas envalentonadas organizaciones impulsoras de amenazas terroristas. Quizá esto explique, por contagio, el tono del último comunicado etarra.

De nuevo, por tanto, cunde una justificada preocupación en Occidente. Un temor que, cual en otras crisis, podría servir de revulsivo. Pese a la abundancia y a la aparente dolce vita veraniega de esta mitad de agosto, nadie es capaz de disimular la inferioridad de condiciones en que se encuentra Europa en estos días. La pretendida Unión multinacional ofrece un panorama decepcionante. Frente a la invasión hasta ahora pacífica de las islas Canarias y de litorales mediterráneos, la lentitud y escasez de medios son todo un signo. Es hora de que los dirigentes europeos reaccionen.