En Cimanes de la Vega nunca confunden la velocidad con el tocino. Los numerosos vecinos de la villa que todos los días se desplazan, y vuelven, a y de Oviedo para hacer su jornada laboral, saben perfectamente que la carretera está llena de “radares” como hace años estaba llena de ovejas. Y adecuan la velocidad del “carro” al radar, como antes adecuaban el horno a la grasa de la oveja.
D. Rafael Pérez y Pérez, que alguna vez se dejó caer por esta villa hermosa, como consta en el libro de sus protocolos, solía almorzarse con enorme montadito de tocino blanco sobre rebanada de pan, ungido todo ello con las correspondientes dosis de aguardiente blanco, que D. Rafael no era dado ni a las finas hierbas, ni a las rojas guindas...
Montadito de tocino, o en el tocino, o en la cosa de las hierbas debe andar el biógrafo del ciego Durán, del “comediante” Gil, y de la rica Filesa y sus muchos hijos...
Y con rico tocino nos mete a los astures, incluso a los que somos naturales de las benditas cuencas, sin exceptuar a nuestro primer padrino, D. Josiangel, ni al segundo D. Gracianogarcía, del apestoso vicio del cainismo, y “miseria moral” en que cree que vivimos, como si fuéramos almohades...
Álvarez, nada sabía de D. Juan Luis, a no ser del D. Juan Luis Rodríguez, que fue presidente y orgullo de nuestra autonomía; ahora sí sabe del otro D. Juan Luis, el que según su tarjeta de presentación escribió, y supone seguirá escribiendo libros, sobre ciegos, comediantes y filibusteros varios. Y ahora, lo hace en alabanza de D. Gustavo Bueno, para el que reclama el premio Príncipe de Asturias, no en alguna de sus modalidades, sino el Príncipe de los Príncipes, el general, como a D. Gustavo corresponde.
-¡Póngame el Mac completo..., y sin patatas!, pidió el niño en los bajos del antiguo teatro Robledo de Gijón, y a dos carrillos salió dando mordiscos al Mac hasta la calle.
Y el don Juan Luis, en el papel, a mordiscos, a dos carrillos, contra el matrimonio Álvarez-Valcárcel. Los que dice enemigos del señor Bueno, o el señor Bueno enemigo del matrimonio.... Y a dos carrillos, contra el matrimonio morganático y de una sola cuna de los García-Rendueles, don Graciano y don José Manuel, los oscurecedores, ¿apagadores?, de los méritos de D. Gustavo.
Velocidad y tocino. Si D. Gustavo, como todo el mundo sabe, tiene la máxima distinción hospitalaria de Oviedo, como es sanatorio para él solo, y contrato de Independencia; si D. Gustavo pone cátedra veraniego-subvencionada en la Colegiata de Gijón; si D. Gustavo oficia vísperas en la mismísima Catedral, como salvador que es de este pueblo; si D. Gustavo, desde su tonel de sidra vende lámparas de mano en la Feria de Muestras; si D. Gustavo es comentarista de radio, prensa y televisión; si D. Gustavo a donde quiera que va de las tres Asturias llena salas y coliseos... Si a D. Gustavo todo el mundo respeta... ¿Qué más puede pedir, querer o exigir, D. Gustavo de las Asturias y León?.
¿Una cátedra vitalicia? ¿Un plan de ordenación? ¿Ser protagonista de las historietas de Mortadelo y Filemón?.
Un puesto en el Consejo, como el que tiene Dª. Amelia, debió dárselo el gobierno amigo, que tiempo tuvo. El premio, un jurado, que lleva dando 25 años. El consuelo, sus discípulos... Y la lata, sus aduladores...
Dios salve a D. Gustavo de sus amigos que ellos solos lo crucifican.

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