La tonadillera tropieza con una piedra ya conocida; hace años, unos canallas pincharon sus llamadas a Encarna Sánchez / Ramón Calderón planta a Marbella y se deja ver en Cerdeña / La confesión del constructor Fidel San Román abre la puerta de la conexión madrileña
Han pillado a Pantoja. No en foto, sino en voz. En viva -aunque mortecina- voz. Acaba de saltar la noticia. Unos paparazzi han grabado una serie de conversaciones telefónicas de la tonadillera con Julián Muñoz, recluido en la cárcel de Alhaurín. Es más que un top less, más que un morreo, más que todo. Es una canallada. Pero así son las cosas.
La expresión del pensamiento de Pantoja está servida. Ahora, ya podemos asegurar que a la tonadillera le preocupa el dinero porque ella misma lo reconoce. Las cintas no llevan incorporado un detector de mentiras, pero Pantoja se lamenta: está tiesa. Ella habla ahora por todo lo que ha callado durante años. El mutismo se le ha vuelto en contra, no hay nada peor que tener al personal cabreado.
Isabel Pantoja se envainará el orgullo, las risitas entre dientes, los golpes secos de melena, el desdén y esa falsa distinción a la que ha puesto etiquetas de Prada para disimular. Todo lo que diga o haga, a partir de ahora, estará sometido a la comparación con su confesiones telefónicas. Pantoja versus Pantoja.
Con la voz no se venden revistas, pero se hacen chantajes. Es el lado oscuro del reporterismo y Pantoja lo sabe. Hace años, también en Marbella, ya vivió una experiencia igual. Los paparazzi grabaron entonces una conversación de teléfono que circuló intensamente por los arcenes del periodismo. En un lado del teléfono, estaba ella. En el otro, Encarna Sánchez, su amiga. Las cintas durmieron varios meses en un cajón de la revista Interviú hasta que Encarna las retiró (previo pago de una cantidad de dinero o de un favor), pero nadie pudo impedir que todos los periodistas las escucharan.
En esta ocasión, las cintas recogen una serie de conversaciones entre Pantoja y Julián Muñoz. Ella habla desde su móvil particular. Él, desde un móvil cedido por un funcionario de prisiones. En las cárceles, se trafica mucho. Los reos tienen, dentro de la prisión, un poder proporcional al que han tenido fuera, cuando aún no se les presume ningun delito. En este sentido, Juan Antonio Roca es el reo que goza de más favores en Alhaurín. Favores comprados, se entiende. Cualquier sugerencia que venga de su parte es interpretada como una orden.
Las cintas son reveladoras. Hay un ligero temor en la voz de Pantoja porque se expresa como temiendo que ocurra lo que realmente ha ocurrido. Tras el incidente vivido con Encarna Sánchez, cuando los saqueadores de intimidad llegaban con butrones a la puerta de su alcoba, la vida ha vuelto a sacarle los colores. Ahora con Julián Muñoz, el hombre que puso los dineros de Marbella a sus pies. La conversación telefónica muestra a un Muñoz preocupado por Pantoja, y a una Pantoja preocupada por sí misma. Está obsesionada por su situación económica y no lo oculta. En ese extremo, la tonadillera se manifiesta con poca cautela, como si hubiera olvidado que alguien puede estar pisándole los talones. Supongo que los paparazzi sonríen. Las cintas les han dado la razón, como cuando Encarna.
Las cintas no verán la luz. Se han grabado utilizando métodos delictivos y sus protagonistas no autorizarán su difusión ni comercialización. De nuevo, el reporterismo canalla ha saltado las barreras de la legalidad para dar el campanazo. Ahora, el uso que se haga de esas cintas será secreto y se mezclará con el rumor de las alcantarillas, donde la gente trapichea con soplos y chantajes para buscarse la vida. El submundo de los personajes del corazón mueve dinero y escandaleras. Pero el derecho a la dignidad también asiste a Pantoja y Muñoz, aunque ninguno de los dos haga uso de ella.
(Notas en la moleskine: comer y cenar son las actividades en las que la gente vuelca más frenesí. Sobre todo, cenar. Parece una perogrullada, pero no lo es. Aquí en Marbella, si no tienes un cólico de caviar, no eres nadie. Conozco a gente que se deprime porque en La Meridiana se come mal, o porque le coinciden dos cenas el mismo día, o porque no figura en la lista de amistades de Pedro Trapote. No he visto a Ramón Calderón. Dicen que este año ha preferido Cerdeña. Cría presidentes del Real Madrid para esto. El constructor Fidel San Román ha cantado y su cante puede despertar la conexión madrileña. La corrupción municipal, en España, es una competición de poceros sin escrúpulos. Jaime Fierro y Gonzalo Calleja me describen una secuencia del verano. Camino de Santander, un vehículo se detiene en el área de servicio de una autopista. De él desciende Isabel Preysler acompañada por unas amigas, todas monas y estupendas. El sol se desploma y las damas deciden protegerse. Alguien abre un sombrilla. El grupito de mujeres se sienta a la sombra, saca una bandejita de Embassy y, delicadamente, se dispone a comer con los deditos. La escena se llama Refrigerio exclusivo.
© Mundinteractivos, S.A.

diganle a la pantoja que no sea tan estupida que al gobierno no se le ha ido de las manos nada referente a ella, que hay que ser imbecil para pensar que su vida tiene importancia politica, que no nos haga reir la analfabeta esa que es para morirse de risa en su cara oirle decir eso, bastante tiene el gobierno con arreglar el pais como para pensar en una absurda tonadillera que solo gusta a minorias de ancianos.