ESPAÑA amaneció ayer con un nuevo comunicado de ETA en el que la banda terrorista advierte de que el proceso de paz se encuentra en crisis y amenaza con responder. La capacidad de sus dirigentes para acumular basura intelectual responde a lo que en psiquiatría se llama síndrome de Diógenes. Todos los años por estas fechas los periódicos dan cuenta de la aparición de personas que son halladas en sus casas rodeadas de inmundicias. Y las crónicas hablan de ese conjunto de síntomas entre los que destacan incapacidad de adaptación social, reclusión voluntaria, carencias afectivas, dificultades de tipo económico, sensación de rechazo por parte de la sociedad, desprecio de las ayudas sociales, tendencia a volver a sus hábitos de vida después de un tiempo de inactividad, sensación permanente de inseguridad, sentimiento de derrota, renuncia a vivir dignamente. Eso les hace sentir impulsos quiméricos de acumular cosas inútiles y nocivas, guiados por una oscura necesidad llamada «silogomanía» que actúa a modo de muro protector.
Dicen los expertos que el síndrome toma su nombre del filósofo del siglo IV a. C. Diógenes de Sínope, fundador de la corriente cínica griega y conocido por su actitud de desprecio por las convenciones sociales, que adoptó un estilo de vida caracterizado por su indigencia, procacidad, dureza, insolencia y abandono de su aspecto físico e higiene mental. Y revelan las estadísticas que afecta, en mayor o menor medida, a un 1,6 por ciento de la población.
La cifra no incluye, con toda seguridad, a esos indigentes mentales que padecen los mismos síntomas: son los anti Midas de la mitología nacionalista vasca y transforman en basura todo lo que tocan. Los partidos han reaccionado ante la nueva exhibición de podredumbre moral que delata ese síndrome de rechazo, derrota, inadaptación, dificultades económicas, reclusión voluntaria, inseguridad que padecen los dirigentes de ETA. Ellos lo han convertido en el muro protector de sus quimeras.

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