Desde finales de julio y durante la primera quincena de agosto se ha representado en el teatro Campoamor de Oviedo la antología asturiana de zarzuela, «Vamos p'Asturias, vamos pa Oviedo». Sin lugar a dudas, ha sido una de las manifestaciones culturales más logradas escénica y musicalmente hablando, aceptada por público de toda condición y excepcional entre los espectáculos musicales de nuestra región por su sello «made in Asturias».

La excepcionalidad de un proyecto de esta envergadura en el Principado se engrandece al estar formado mayoritariamente por asturianos el plantel de artistas que participan, dada la dificultad que supone en una comunidad de poco más de un millón de habitantes el reunir profesionales de contrastada calidad en una producción realizada desde una visión actualizada de zarzuela de casi dos horas de ágil e ininterrumpida función cuyo eje son escenas zarzueleras relacionadas con Asturias.

Vaya mi felicitación para Emilio Sagi, Pablo González, cantantes líricos, Joven Orquesta, Capilla Polifónica, grupo «Escarpinos», hermanos Hevia, y resto de colaboradores que participando delante y detrás del escenario contribuyeron con brillantez a la puesta en escena de esta antología asturiana de la zarzuela ideada por Sagi, Sobrino y Casares.

En materia cultural los proyectos suelen ser muchos, pero para salir adelante siempre necesitan de un promotor. Y, cómo no, nuevamente el promotor que ha hecho posible que miles de personas puedan disfrutar de un espectáculo de esta categoría ha tenido que ser en solitario el Ayuntamiento de Oviedo, con Gabino de Lorenzo al frente como entusiasta valedor que ha hecho de la capital asturiana una ciudad de primera línea en espectáculos musicales en España.

Me consta que en los inicios de este proyecto se ofreció su implicación a otros grandes ayuntamientos y al Principado. ¡Vana ilusión! Hay quienes siguen dando la espalda a los actos culturales de calidad y siguen empecinados en mantener algún alto cargo destinado a gastar el presupuesto en «actos festivos» o promover sucedáneos culturales que nos traen «negras semanas», presos del más rancio clientelismo del «manifiesto de apoyo a...» en el que pululan personajes dispuestos a integrarse en el momento exigido en el «nunca máis», «no a la guerra», «contra el bloqueo de Cuba»... pero todo ello a cambio de vivir del presupuesto y la prebenda pública.

Pero no perdamos la esperanza. Aún podemos pensar que el «paxarín que vuela» pueda decirle a algún responsable cultural del Gobierno Areces que no todo está perdido, que también hay otra forma de hacer cultura. Aún podemos tener la esperanza de que desde el Principado se pueda retomar un proyecto como éste y llevarlo a otros escenarios de Asturias o, mejor, a otros escenarios del mundo, donde miles de asturianos residentes en el extranjero pudieran gozar con sentimiento de esta antología lírica de calidad. Aunque tampoco sería descabellado soñar con la retransmisión por la autonómica del espectáculo. El paxarín también le diría que no deje de mirar para Oviedo y ver que se puede ofrecer cultura variada y de la más alta calidad y que hasta puede colaborar y ampliarla a otros lugares de Asturias.

Claro que para todo eso habría que tener otra visión política y aportar dinero del Presupuesto y quitárselo a los del «manifiesto de apoyo a...». ¿Otros fondos? Tampoco son difíciles de conseguir. Se me ocurre que se podrían detraer de esas futuras campañas que se avecinan en estos próximos seis meses y que nos van a describir virtualmente logros de museos, estaciones de esquí, campus, centros polivalentes... que tenían que haberse terminado en 2005 y nos serán descritos virtualmente para cuando se inauguren en 2008 o 2009.

Paxarín, tú que vuelas, dile a...

José Ramón García Cañal es diputado del PP en la Junta General del Principado.