Ahora las ves, ahora no las ves. ¿Las armas de Hezbollah? No se ve ni una. Y, por lo tanto, el ejército libanés no puede incautarse de ellas. Porque cuando este de hombres cruzó ayer el oficiales dejaron bien claro que no era tarea del ejército desarmar a Hezbollah. Y nadie se sorprendió en Líbano. Al fin y al cabo, la mayoría de los soldados libaneses son chiíes, como los miembros de Hezbollah, y en muchos casos, los soldados que cruzaron el río Litani no provienen sólo de los mismos pueblos del sur, sino que también son parientes de los guerrilleros a los que se supone que deben desarmar. En otras palabras, es el típico apaño libanés. Así pues, ¿adónde se dirige la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU? Es cierto que los franceses ya están de camino, o eso se supone. Un mínimo de 1.300 soldados franceses han partido hacia Beirut por mar, según el Gobierno francés, y son los franceses - cuyo general Allain Pelligrini ya se encuentra al mando de la pequeña fuerza de la ONU que está destacada allí- los que dirigirán el nuevo ejército internacional en Líbano. ¿Pero deben desarmar a Hezbollah? ¿O deben establecerse en el sur de Líbano como fuerza disuasoria para proteger a Israel? Los franceses siguen pidiendo un mandato claro para su misión. Pero Líbano no proporciona mandatos claros a nadie, y menos aún a los franceses.

Los libaneses les dieron a sus soldados el recibimiento tradicional, que consiste en arroz y agua de rosas, cuando éstos cruzaron los puentes militares recién construidos sobre el Litani, ayer al atardecer. Pero también hay que tener en cuenta que, en el pasado, algunas de esas mismas personas que ayer se apresuraban a dar la bienvenida a los soldados hicieron lo mismo con los israelíes en 1982; y con Hezbollah un tiempo después. Sin embargo, el ejército libanés representó la paz en nuestra época - como mínimo durante un tiempo- para aquellos que aún están desenterrando los cadáveres de sus familiares muertos en los pueblos que se encuentran en las colinas al sur de Líbano.

Tenían buen aspecto en televisión todos esos tanques T-54 destartalados del Pacto de Varsovia y unos vetustos automóviles Panhard sobre los camiones de transporte, ya que se suponía que regresaban al sur de Líbano por primera vez en 30 años. Por supuesto, no era cierto. Aunque no han llegado a desplegarse en la frontera, miles de soldados libaneses han sido destacados a pueblos del sur desde la guerra civil, y han cumplido con las órdenes de hacer la vista gorda a las actividades de Hezbollah, siempre que sus guerrilleros no tuvieran la desfachatez de intentar pasar un camión cargado de misiles por uno de sus controles.

Entre los soldados libaneses que conocían esa zona del sur, había miembros de la guarnición de 1.000 hombres destacados en la ciudad cristiana de Marjayun, y que huyeron tras la pequeña incursión terrestre de Israel de la semana pasada.

Y, ahora, mucha atención, que voy a contar una historia. Resulta que su comandante, el ministro del Interior y general de brigada Adnan Daud, acaba de ser detenido por traición después de que la televisión israelí mostrara unas imágenes suyas en las que aparecía tomando té con un oficial israelí en el cuartel de Marjayun. Y lo que es aún peor, la cadena de TV de Hezbollah, Al Manar - que ha logrado seguir emitiendo durante la guerra, a pesar de los intentos de Israel de destruirla a bombazos- grabó las imágenes israelíes y las transmitió en Líbano.

Antes de su detención, el general Daud cometió la imprudencia de revelar sus pensamientos a Lauren Frayer, un emprendedor reportero de la agencia de noticias Associated Press que llegó a Marjayun a tiempo de grabar las últimas palabras del general antes de que fuera detenido.

Los israelíes, según declaró el general, "se acercaron pacíficamente hasta la entrada y solicitaron hablar conmigo". Un oficial israelí que se presentó como coronel Ashaya habló con Daud sobre las futuras relaciones militares entre israelíes y libaneses.

"Durante cuatro horas le enseñé la base - dijo el general, hablando de Ashaya-. Debía de estar de misión de espionaje y quería comprobar si escondíamos a algún miembro de Hezbollah". Pero una hora después el supuesto amigo israelí se fue, y los proyectiles de los tanques israelíes derribaron las puertas de la guarnición libanesa. Los soldados no respondieron al fuego, sino que huyeron. Sin embargo, se encontraron con que su larga caravana, que incluía docenas de coches civiles, sufrió los ataques de los pilotos israelíes, que mataron a varios civiles, incluida la mujer del alcalde, que fue decapitada por un misil israelí.

En Beirut, se olvidó todo esto cuando el primer ministro libanés, Fuad Siniora, repitió que no habría más "estados dentro del Estado" y que Hezbollah abandonaría la zona al sur del Litani. Esta afirmación puede entrar en la categoría de historia probable.La mayoría de los miembros de Hezbollah no sólo viven en pueblos al sur del Litani, sino que varios de sus oficiales dejaron claro ayer que le habían dicho al ejército libanés que no buscara armas. Para que luego hablen del desarme de Hezbollah al sur del Litani. Y de la guerra contra el terror del presidente Bush, que los israelíes afirman estar librando en nombre de Estados Unidos.